Zapatero (Pachyprasus marmoratus)

‹Cebos mar

También llamado mulato y corredor, es el cangrejo de forma cuadrada y de tintes oscuros presente en todas las zonas mediolitorales y supralitorales de nuestra península. No le molesta la exposición prolongada al aire y al sol, y suele estar sobre las rocas al descubierto, siempre preparado para arrojarse al agua o esconderse en una grieta cercana.

Muchos peces litorales conocen está costumbre de arrojarse súbitamente al agua y allí lo esperan ansiosos, sobre todo los sargos y la lubina.

Por eso, este cangrejo puesto en el anzuelo y columpiándose en el vaivén de las olas, medio camuflado por la espuma, se vuelve irresistible para los peces que patrullan la escollera.

Si hemos cogido muchos cangrejos, tomaremos los más duros y grandes, los aplastaremos a pisotones y arrojaremos al agua sus pedazos para atraer y confiar a la pesca. Luego pondremos uno –lo más blando posible- en el anzuelo y lo arrojaremos de igual manera sobre la ola, en el momento en que ésta rompa contra las piedras. La picada en estas condiciones es decidida y brutal.

Los cangrejos zapateros son muy escurridizos y tratan de ponerse a salvo entre las piedras tan pronto como se sienten descubiertos. Durante el invierno, a causa del frío, se desplazan con cierta torpeza, -también cuando acaban de mudar y son blandos como una “gominola”; en ocasiones casi no pueden moverse y constituyen entonces el mejor cebo imaginable- pero en verano, especialmente los días calurosos, su metabolismo se halla “revolucionado” al máximo, y corren como almas que lleva el diablo.

Su estructura corporal está, asimismo, diseñada para la carrera y para guarecerse bajo las piedras y en las estrechas grietas de las rocas calizas. Sus patas, rematadas en uñas, son fuertes y ágiles, y su cuerpo plano les permite introducirse en estrechísimas rendijas.

Lo mejor para conseguir cangrejos recién mudados es bien simple. Deberemos buscarlos bajo las rocas que se hallan colindantes con el estrato supralitoral, en otras palabras, bajo las rocas que sólo reciben un aporte mínimo de agua marina en cada punta de marea.

Este cangrejo, como casi todos los crustáceos marinos, se enfrenta a un problema: puede vivir durante cierto tiempo en seco, pero necesita un aporte de agua marina con regularidad. Eso determina que los cangrejos zapateros o mulatos busquen estos emplazamientos para esconderse después de mudar, y se amparen al cobijo de las rocas que marcan el límite de la marea, lo justo para estar sumergidos unos minutos antes de volver a quedar en seco.

¿Por qué? Pues porque el cangrejo sabe que casi todos sus enemigos potenciales vienen de la mar y que a los peces les encanta engullir crustáceos blanditos y gomosos, como él en estos momentos. Por eso evitarán zonas que queden sumergidas a profundidad bastante como para que un pez pueda merodear por allí, y se acogerán a las zonas más secas, aunque, como decíamos, siempre dentro del radio de acción de la marea.

Ya saben donde buscarlos. Levanten las piedras –cuanto más grandes sean éstas, por regla general, mayores serán también los cangrejos que se esconden bajo ellas- y pongan a punto sus reflejos, porque a los cangrejos zapateros, con mucho fundamento, se les conoce también como “corredores”.

En caso de que renuncie de antemano a levantar piedras, sólo le queda una opción para capturarlos después de mudar, aunque no es muy recomendable, por el riesgo que conlleva desplazarse entre las rocas por las zonas tildales durante la noche.

Coja una linterna, póngase un calzado cómodo y a poder ser, cuya suela no resbale, y adéntrese en los pozos poco profundos que deja la marea. Allí los encontrará al descubierto, siempre y cuando los busque en charcos de muy escasa profundidad y alejados de la orilla. Cuidado con el verdín si camina de noche por esos vericuetos del litoral, tan húmedos y resbaladizos.