Zahara y Tarifa, Cádiz.

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La amplia ensenada de Zahara forma un largo arenal muy apto para la pesca. Zahara, llamada también de los atunes, tiene gran fama como población pescadora de túnidos. Aprovechando sus costumbres migratorias, los lugareños se valen de un arte de herencia árabe llamado “almadrabas”, una suerte de trampa en la que se meten los peces para no salir jamás.

Si tiene la ocasión de contemplar esta pesca, hágalo. Aunque puede resultar muy impactante por la violencia y la cantidad de sangre que acabará tiñendo la mar, piense que constituye una práctica centenaria y que no tiene nada que ver con la pesca deportiva. En todo caso, es un espectáculo impresionante.

Muy cerca de Zahara, en el extremo más meridional de la península Ibérica se encuentra Tarifa, a sólo 13 km. de las costas de Marruecos, que pueden verse desde aquí con buen tiempo.

Fue fundada por el califa Tarik Ben Malik-Tarig, a quien debe su nombre. Tarifa ha conservado, de resultas de tan larga ocupación, un pronunciado carácter árabe. Esto se aprecia en sus callejas estrechas y sus casas blancas apretujadas contra las murallas del Alcázar, de la época Omeya, construido en el siglo X.

Tarifa tiene un alto grado de ocupación casi todo el año debido a que es el paraíso europeo para la práctica del Wind Surf.

Cuando no sopla el viento –lo que no es frecuente-, deportistas de todas las nacionalidades pasean por sus recoletas calles y se lucen en los chiringuitos.

Es el momento para que los pescadores de caña ocupen la costa, que, de otra forma, se vuelve impracticable para la pesca con sedal.

Aquí podemos capturar muchas de las especies más apreciadas por el aficionado, pero, en concreto, algunas como la hurta o la dorada, que están en franca decadencia en casi todo el litoral español.

También son numerosas las herreras, pargos, brecas, lubinas y otras especies casi míticas, que se acercan a estas costas frías y ricas en alimento, merced a sus corrientes.