Salmonete

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Nombre científico: Mullus surmuletus y Mullus barbatus

Existen dos tipos de salmonetes en nuestras costas: el de roca (Mullus surmuletus) y el de fango (Mullus barbatus). Ambas especies se asemejan tanto en su comportamiento, como en su morfología. La diferencia más apreciable estriba en la coloración, que, en el caso del de fango, es gris con reflejos metálicos plateados o casi negros, mientras que el de roca exhibe vivos colores rojos, naranjas, amarillos o fucsias. También podemos diferenciarlos por la forma del morro, mucho menos achatada en el de roca.

En lo gastronómico, las similitudes no son tantas, pues su pariente de fango presenta un marcado sabor a barro, a balsa, que recuerda al de algunos ciprínidos que habitan pantanos, remansos y otras aguas de escasa corriente.

Además, el salmonete de fango frecuenta mayores profundidades, por lo que no es habitual su captura por parte de los aficionados. En cambio, el de roca, que se aproxima durante la primavera a la costa para permanecer allí todo el verano, resulta un pez atrevido, que gusta de merodear por todos los lechos ‘blandos’ -ya sean de arena, de fango o mixtos- incluso con muy poca profundidad.

el salmonete nunca alcanza un gran tamaño y una pieza que supere 1 kg. peso es algo excepcional. Además, ya señalamos que su boca no es fuerte, aunque sí relativamente grande comparada con su tamaño, por lo que la elección del anzuelo no planteará problemas. En realidad, casi cualquiera le va bien.

El bajo de línea tampoco debe ser muy largo y con algo menos de una braza será más que suficiente. El salmonete no es un pez muy exigente en este sentido, y un bajo tirando a corto evitará enredos, en caso de pescar en aguas poco profundas o con la mar revuelta.

Así que, con un aparejo muy simple (plomo, quitavueltas, anzuelo) nos arreglaremos bien, sin que debamos utilizar materiales caros o sofisticados.

La caña que usaremos puede ser una de las más corrientes que existen en el mercado. El único requisito que debe cumplir es que la puntera sea lo suficientemente sensible para detectar la picada.

Sólo acepta cebos blandos provenientes de invertebrados y no todos. Un aparejo cebado con trozos de pescado (sardina, anchoa, etc.)o de cefalópodos (calamar, sepia…) u otras carnadas que se suponen poco menos que universales para la pesca en la mar, será rechazado.

Lo mejor consiste en emplear anélidos de casi cualquier tipo, tanto da que sea gusana de rosca, de arena o serrín, americana, coreana, gusano rojo, etc. Todos los gusanos marinos le encantan, por lo que será el mejor cebo que podemos ofrecerle.

En este caso, aconsejamos ser generosos en la cantidad que ponemos en el anzuelo y, si el tamaño lo permite, encarnar la gusana entera.