Pulpo

‹Especies mar

Nombre científico: Octopus vulgaris

Otros nombres comunes:   País Vasco: Olagaro, pulpo   –   Resto: pulpo

En otros países:   Italia: polpo   –   Francia: pieuvre   –   Reino Unido: octupus   –   Alemania: Gemeiner seepolyp

Se trata de un molusco cefalópodo (que “tiene los pies en la cabeza”) octópodo, que carece de concha y posee ocho robustos tentáculos dotados de ventosas.

De régimen carnívoro, muy común en todas nuestras costas, cambia de color en cuestión de segundos y utiliza tinta para defenderse. Llega a medir más de dos metros y a pesar unos 20 kg., aunque ejemplares de este tamaño sean rarísimos.

El pulpo representa probablemente la cúspide del proceso evolutivo en la gran familia de los invertebrados, -así como el género humano lo es de los vertebrados- y aunque no sea parangonable, podemos afirmar que este alto grado alcanzado por el pulpo en el proceso evolutivo, ha hecho de él un animal enormemente versátil, numeroso y acomodaticio a las más diversas situaciones y entornos.

El pulpo resulta ser una masa de músculos “pensantes”, que se adapta a cada circunstancia y adopta formas de comportamiento específico, según lo requerido en cada situación. Su cuerpo es capaz de cambiar de aspecto y de volumen, puede deslizarse a través de una minúscula grieta, o hincharse, agrandarse e incluso introducir piedras dentro de la capucha de piel de su cabeza, para aparentar mayor tamaño. Puede sacrificar algún tentáculo (que más tarde se regenerará) para que lo engulla el congrio y así escapar, o adecuarse a la tonalidad del fondo para acechar a una víctima.

Esta variada gama que exhibe en su comportamiento es consecuencia directa de la multitud de animales que conforman su dieta, así como del gran número de predadores con los que cuenta. Por eso, cuando nos encontramos frente al pulpo, éste raramente tomará la iniciativa y esperará hasta comprobar nuestras intenciones. Por ejemplo, si descubrimos un pulpo y le acercamos lentamente la mano moviendo los dedos con suavidad, el animal, llevado por una rara curiosidad, es muy probable que se acerque y nos acaricie los dedos con las puntas de sus tentáculos para comprobar de qué estamos hechos.

Algunos colores ejercen sobre el pulpo una extraña atracción. Aparte de su curiosidad innata, este increíble animal, siente una especie de preferencias estéticas, que lindan con lo que cabría asignar únicamente al género humano, como lo prueba el hecho de encontrar a menudo un conjunto abigarrado de trozos de conchas, piedrecillas de colorines y pedazos de cristal romos, que atesora esparcidos frente a su guarida.

Cuando descubre algo de color blanco y de menor tamaño que él, lo toca con la punta de sus tentáculos y, enseguida, lo abraza con todo con su cuerpo. Quizás su instinto le diga que “eso” de color blanco es comestible, aunque esto no parezca muy razonable cuando el objeto abrazado es un trozo de bolsa de plástico o un trapo.

Existen casi infinitas modalidades para la captura del pulpo. Esto es así porque este animal adopta los más variados comportamientos, prospera en los más diversos hábitats y engulle los más dispares alimentos.