Picaduras en la playa

Texto y fotos: Javier García-Egocheaga

En cierta ocasión ya tratamos aquí sobre los peligros más habituales del pescador deportivo y, por ende, de todo aquel que se acerca a la costa. No obstante, ahora, de cara al verano y dado la cantidad de consultas que nos llegan al respecto, creemos necesario ahondar en el tema desde la perspectiva de los tres animales costeros que propician más del 90% de los accidentes de este tipo. Nos referimos a las medusas, a los erizos de mar y al pez conocido como víbora, araña, salvario o escorpión de mar.

Vayamos por partes:

Medusas

Las medusas que frecuentan nuestros mares no se encuentran, ni mucho menos, entre las más peligrosas del orbe, que prosperan en los mares tropicales (como la avispa de mar o la carabela portuguesa) y que pueden llegar a matar a un adulto en poco tiempo.

Las nuestras son mucho más benignas, pero esto no quita para que puedan darnos un susto y nos produzcan lesiones de cierta gravedad. Así pues, siempre que encontremos una medusa en la playa, lo mejor es sacarla con cuidado del agua, ayudándonos de un redeño o similar para no tocarla, y enterrarla en la arena a cierta profundidad.

Si observamos que su número es elevado, no debemos bañarnos ni realizar ninguna actividad en el agua. Incluso con traje de neopreno, las medusas son especialistas en picarnos allí donde encuentran piel desnuda, como es el caso de los labios.

Tampoco debemos tocar aquellas que encontramos varadas en la orilla con aspecto de estar muertas, pues sus glándulas venenosas permanecen activas incluso después de deshacerse su gelatinoso cuerpo.

Si nos pica una medusa debemos proceder rápidamente pero sin asustarnos, y recordar que eso que nos acaba de pasar, sucede a miles de personas cada año en nuestras costas.

Lo primero que hay que hacer es limpiar la zona afectada con agua salada –nunca con dulce- y retirar completamente cualquier resto de tentáculo que pudiera haber quedado adherido a la piel. Después pondremos algo frío sobre la zona afectada –nunca hielo de forma directa-, pero sí por ejemplo ese mismo hielo dentro de una bolsa estanca. Luego aplicaremos tomate crudo en lonchas y de forma abundante, en periodos de unos 10 minutos. Dejaremos que su jugo vaya neutralizando el veneno y repetiremos la operación varias veces en las siguientes horas. Si no podemos encontrar tomate fresco, podemos aplicar alcohol o amoniaco (que es un remedio universal contra picaduras y venenos diversos) con un paño, ligeramente diluido.

En caso de que la zona afectada sea extensa o suframos malestar general, dificultad respiratoria u otros síntomas alarmantes, acudiremos sin demora a un puesto médico.

Escorpión, víbora de mar, pez araña, salvario, etc.

Con estas denominaciones comunes conocemos a los diversos miembros de la familia de los traquínidos que pueblan nuestras aguas. Son peces costeros de régimen bentónico que viven semienterrados en la arena y tienen unas espinas ponzoñosas que despliegan como arma defensiva.

La picadura más habitual se produce cuando caminamos por la orilla y los pisamos. Se trata entonces de ejemplares de pequeño tamaño y no suelen inocularnos grandes dosis de veneno. Es peor cuando atrapamos con nuestro aparejo alguno de estos peces y nos pica en las manos por tratar de desanzuelarlos sin tomar las necesarias precauciones.

Su picadura es muy dolorosa y molesta, afecta al sistema nervioso y podemos tener cierta sensación de parálisis. Sin embargo y salvo raros casos, no suele ser grave y sus efectos desaparecen al cabo de unas horas.

Debemos proceder de la siguiente manera. Limpiamos la herida con agua, da igual que sea dulce que salada, y rápidamente la introducimos en agua tan caliente como podamos aguantar. El veneno de los traquínidos es termolábil, lo que significa que se destruye con el calor, así que justo al contrario que en el caso de las medusas, aquí lo que debemos aplicar es calor.

Si no podemos disponer de agua caliente, trataremos la picadura con amoniaco.

Erizos de mar

Su picadura es la más benigna y quizás, también, la más frecuente. Las púas de los erizos de nuestras costas, en contra de lo que se cree, no son venenosas.

El problema que presentan es que, una vez que traspasan nuestra piel, se parten, se enquistan y se infectan. Por tanto, resulta necesario extraerlas cuanto antes, para lo cual se emplea habitualmente unas pinzas de depilar.

Sin embargo, no es éste el instrumento más adecuado, pues estas púas son tan quebradizas que, aunque creamos haberlas extraído, quedará algún pedazo dentro, a veces minúsculo pero suficiente para desencadenar el posterior proceso que culmina con la infección.

Para sacar la púa en su totalidad, lo mejor es clavarla con una aguja o alfiler. Se necesita, lógicamente, un poco de pericia, pero no es tan difícil como parece a priori .