Pescar fino en la mar: incrementar nuestro placer

Texto y fotos: Javier García-Egocheaga -javier@granpesca.com-

Cualquier forma de pescar debe ser equilibrada. Y cuando digo equilibrada, me refiero a que el equipo esté en consonancia con el tamaño y la fuerza de los peces que se pretendan capturar. Éste no es un asunto baladí, máxime cuando sabemos que el 90% de los peces en la mar son capturados con aparejos que no se ajustan a sus, por lo general, reducidas dimensiones.

De este modo desperdiciamos su potencial y no obtendremos el disfrute que hubieran podido proporcionarnos. Cuanto más fino pesquemos, más gozaremos cada picada, cada lucha, cada una de las piezas que se debaten en el otro extremo del sedal. Pescar, por ejemplo, julias, con una fuerte caña de lance pesado, un plomo de 150 gr. y un sedal del 0.40, se convierte en pesca de arrastre. Por desgracia, la mayoría de las julias se capturan de esta forma. Entonces, ¿qué satisfacción pueden proporcionar estos modestos peces de magníficos colores? Escasa, sin duda.

Es preferible perder de vez en cuando un pez que exceda las dimensiones para las que está concebido nuestro aparejo, que “remolcar” el resto –la mayoría- hasta tierra.

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Conozco a un aficionado que dice estar enganchado a las minitallas y utiliza finísimas cañas de acción parabólica y sedales de menos del 0.14. Sé que es un gran pescador, que lleva mucho tiempo practicando esta afición y que ha capturado casi todo lo capturable.

Pues bien: afirma que la pesca con aparejos ultra ligeros es lo que más placer le produce, y yo no soy quién para ponerlo en duda.

Pero quizás en el término medio se halle la virtud, aunque si insisto tanto en aligerar el equipo es porque, el pescador de mar en general, y el que pesca a fondo o al lance pesado en particular, suele mostrar una tendencia invariable a sobredimensionar sus aparejos.

El resultado es que apenas percibe la picada, no da ninguna opción al pez una vez clavado, y se limita a traerlo hacia sí, con el freno cerrado y a la máxima velocidad que le permite su poderoso carrete, como si trajese un peso muerto.

Esta costumbre de utilizar aparejos demasiado fuertes está arraigada también entre algunos pescadores de aguas continentales, si bien en menor medida. De ahí que algunos de ellos, sobre todo aficionados al coup o a la pesca a mosca, se horroricen cuando observan a sus colegas de agua salada y clamen al unísono: “Esto no va con nosotros”. O, simplemente, “esto no es lo que entendemos por pesca deportiva”. Lo triste es que, en la mayoría de los casos, no les falta razón.

Afortunadamente, cada vez son más los pescadores de mar que reparan en el sinsentido que supone emplear aparejos demasiado pesados, cuando la mayoría de sus capturas no alcanzan los 200 gr. de peso.

Claro, siempre cabe pensar que, un día, puede picar esa maravilla de 5 kg. y, entonces, debemos estar preparados. Pero, por desgracia, esto no es así. Primero porque ese pez de 5 kg. no pica nunca y, segundo, porque cuando pica, no sabemos cómo, pero se escapa o nos rompe.

Así que, lo más inteligente, sería aceptar esta realidad y tratar de sacar el mayor gozo de cada uno de los peces que se interesan por nuestro aparejo y, para ello, sólo es necesario reducir la potencia de nuestro instrumental.

Además –y no es que quiera entrar en cuestiones crematísticas-, nuestra afición nos saldrá considerablemente más barata.

Comencemos por la caña. ¿Para qué quiere utilizar una potente caña de lanzado de grafito o de carbono de última generación? Bastará con una caña estándar de fibra de vidrio, de acción media o tirando a blanda, que está disponible por un precio mucho más económico. Por supuesto, los materiales de última generación ofrecen muchas más prestaciones y, en manos de un experto, pueden ser una herramienta que, aparte de conseguir más capturas (aunque no muchas más) permitan “sentir” más al pez.

Pero para un aficionado común, que se faja habitualmente con capturas que oscilan entre los 50 gr. y los 300 gr., las diferencias serán imperceptibles.

Otro tanto podemos decir del carrete: por muchos rodamientos que contenga y mucho sistema anti-balanceo, freno sumamente preciso y progresivo, etcétera, la mayoría de los carretes de mar que se comercializan por un precio razonable, cumplen su cometido a la perfección. Ni necesitamos almacenar más de 200 m. de sedal, ni que pese unos cuantos gramos menos –máxime cuando estamos pescando al lance pesado y no precisamos tener la caña en las manos más que para lanzar recoger-, ni ninguna otra característica de los carretes de competición.

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Respecto a los sedales, es conveniente utilizar alguno que nos ofrezca cierta confianza –que son casi todos-, que no se torsione demasiado y con una resistencia a la abrasión dentro de los parámetros estándar. Pero, repito, la mayoría de las casas comerciales ofrecen productos más que dignos a buen precio y que, con un diámetro relativamente fino, aguantan pesos considerables. Por tanto, salvo para pescadores expertos, que a veces necesitan unas prestaciones excepcionales, la inmensa mayoría de los monofilamentos disponibles en el mercado con un diámetro entre el 0.18 y el 0.30, serán más que suficientes.

El uso de sedales trenzados o de monofilamentos especiales sin apenas elasticidad, o bien de diámetros de más del 0.40 ó de menos del 0.14, queda reservado a pescadores expertos o a ocasiones excepcionales que, en la práctica, son las menos.