Pesca costera: ¿de día o de noche?

Texto y fotos: Javier García-Egocheaga javier@granpesca.com

En la mar, al igual que en tierra, hay especies depredadoras y otras que son, básicamente, presas. Aunque esto resulte un poco simplificador, puesto que una misma especie puede -y a menudo es- presa y depredador al tiempo, asumiremos este esquema con objeto de facilitarnos las cosas.

Del mismo modo, podríamos decir que la mayoría de los grandes predadores son nocturnos o prefieren cazar de noche. Las presas, básicamente, herbívoras, suelen optar por el régimen diurno, salvo algunas especialmente adaptadas a la oscuridad.

Muchas de las potenciales capturas del pescador deportivo de costa mantienen su actividad tanto de día como de noche. No obstante, es a partir del ocaso cuando se capturan la mayoría de los grandes peces con caña en aguas costeras.

Los ecosistemas litorales, muy ligados todos ellos a la luz, mantienen unas pautas constantes con respecto a ésta. Así, de día observamos cómo algunos seres desarrollan una intensa actividad y viceversa. Por ejemplo, cefalópodos, crustáceos, grandes espáridos y serránidos son básicamente nocturnos. Por el contrario, pequeños espáridos y serránidos, así como toda la familia de los lábridos, son esencialmente diurnos. Otros, como lubinas, salmonetes y la mayoría de los pelágicos que recaban en nuestras costas, se alimentan tanto de día como de noche, pero a menudo prefieren hacerlo en la oscuridad, porque esto les permite acercarse más a tierra o explorar aguas de menor profundidad -que suelen ser las más ricas en nutrientes-.

De lo anterior, cabe inferir que el pescador deportivo costero que persigue grandes piezas desde tierra, suela hacerlo de noche. Tal es el caso del surf-casting pesado, que se practica mayoritariamente de noche con la esperanza de alcanzar ejemplares de talla respetable, que se ponen a tiro de caña únicamente cuando el astro rey se eclipsa en el horizonte.

Sin embargo el pescador con material ligero, dirigido a pequeñas piezas -como es el clásico “corchero” que vemos cualquier tarde soleada en el puerto-, emplea las horas diurnas para acometer su empresa. Pesca un montón de pececillos de modestas dimensiones, pero que pueden proporcionar tanta satisfacción como cualquier otro, y, sin duda, aseguran la diversión. Mucho más entretenido, desde luego, que el que se afana por capturar grandes doradas en la soledad de la playa nocturna.

Ahora bien: si pretendemos capturar grandes ejemplares con caña desde la costa, siempre es más recomendable intentarlo de noche, a no ser que nuestro objetivo sean los mugílidos o los mayores ejemplares de maragota o durdo, que pueden alcanzar un tamaño respetable.

Entre las especies costeras más comunes a la pesca deportiva, encontramos tres tipos, en función de que se alimenten de noche, de día o de ambas maneras. También hay que señalar que, algunas, cambian parcialmente sus hábitos por agentes externos o condicionadas por el medio.

En este apartado encontraríamos factores tales como la excesiva presión humana sobre los ejemplares adultos de especies muy perseguidas, o circunstancias naturales, como podrían ser la concentración de ciertos alimentos naturales en determinados momentos.

Como ejemplo, pongamos el caso de la lubina, un pez que caza tanto con luz intensa como de noche, aunque a menudo se muestre más activa durante el amanecer y el ocaso.

Pues bien, la lubina, cuando no es excesivamente molestada por el hombre, podrá ser pescada a cualquier hora, independientemente de su tamaño. Sin embargo, observamos que los grandes ejemplares se aventuran en los lugares, digamos, humanizados, sólo de noche o con el agua muy turbia. Suponemos que este comportamiento viene dado por adaptación, como si el pez tomase ciertas precauciones a sabiendas de la presencia del hombre en sus cazaderos habituales.

Algo parecido observamos con los grandes sargos, cuya captura en costas frecuentadas, espigones, muelles, etcétera, se produce sobre todo de noche. Pero esto no quita para que ambos peces se alimenten también de día.

Como agentes externos naturales, dijimos que, uno de los más frecuentes, sería la concentración de alimento en determinados momentos y lugares. Para continuar con el caso de las lubinas, esto es lo que ocurre exactamente con aquéllas que viven en las zonas norteñas de la Península cuando llega el invierno.

Tan pronto comienzan las angulas a arribar a la costa, las lubinas -y los reos- se concentran en las entradas de las rías y sus inmediaciones esperando a que este manjar comience a remontar los ríos. Dado que las angulas lo hacen únicamente de noche, la actividad nocturna de las lubinas crece acorde con el ritmo de entrada de las anguilitas, sin duda uno de sus alimentos preferidos.

Pero también existen especies cuyos hábitos alimenticios son exclusivamente -o casi- nocturnos o diurnos.

Veamos un pequeño cuadro con los peces más frecuentes del pescador deportivo de costa. Conviene tenerlo siempre presente a la hora de planificar una jornada de pesca.