Pan

‹Cebos mar

El pan nuestro de cada día es un cebo que, por típico para algunas especies dulceacuícolas –sobre todo algunos ciprínidos-, pasa desapercibido para la mayoría de los pescadores de mar.

Sin embargo, el pan es un poderoso cebo también para algunas especies marinas, en especial para aquellas de régimen vegetariano u omnívoro. Es el caso de las salpas o salemas, o de los mugílidos, por ejemplo.

De todas formas, dado que no es un alimento natural de los peces, conviene siempre cebar la zona de pesca con abundantes miguitas antes de lanzar el aparejo.

Si queremos utilizar este cebo, obraremos de la siguiente manera: El día anterior habremos comparado una barra de pan. La mitad la guardamos en una bolsa de plástico. Al día siguiente, arrojamos la otra mitad al agua, partida en trocitos que sirven como macizo o engodo. Con el pedazo restante, que se ha vuelto gomoso tras haber estado un día entero envuelto en plástico, encarnamos el anzuelo. Los trozos que pongamos como cebo nunca serán mayores que lo justo para cubrir el engaño –en el agua se hincharán y aumentará considerablemente su tamaño- pues se pretende que el pez pueda engullirlos de un bocado.

Otra forma de pescar con pan consiste en elaborar una masilla añadiéndole agua y moldeando una porción de ésta sobre el anzuelo. En ese caso, debemos estar atentos para que dicha masilla no resulte demasiado sólida, pues, en ocasiones, formaremos una bola alrededor del anzuelo tan robusta, que los peces a los que va destinada –a menudo con denticiones poco desarrolladas- no podrán llegar hasta el anzuelo, sino después de haberla mordisqueado hasta desintegrarla.

Recordemos además que, el pan en estado “normal” al contacto con el agua se ablanda y flota, mientras que la masilla hecha con el mismo, se hunde y endurece.