No a la pesca con redes

Texto: GranPesca


No es la primera vez que nos manifestamos en contra de la pesca industrial. Desde Gran Pesca ya hemos dejado clara nuestra oposición, pero creemos que no está de más insistir sobre este tema.

Más aún a la vista de lo sucedido en Europa el pasado mes de diciembre. Parecía que íbamos a cerrar el año 2.004 con una reducción significativa de los cupos, en especial el de la anchoa. Desde Bruselas se pedía una reducción del 85% de las capturas españolas de esta especie. Al final, todo ha quedado en un 9%, algo que las Cofradías de nuestro país han considerado “asumible”. Por mucho que sepamos que la cantidad de anchoa -como tantas otras especies-, disminuye ostensiblemente cada año, por muy evidente que sea que este tipo de animales (peces pasto) constituye parte importante de la dieta de muchos predadores pelágicos que también se hallan amenazados, por muy lamentable que resulte ver cómo extinguimos una especie, los pescadores profesionales consideran “asumible” una reducción que no sirve para nada.

No sé si es que alguien les ha dicho que la mar es inagotable y se lo han creído, pero mucho me temo que no. Cuando vives de ella y ves, día a día, marea a marea, año a año, cómo disminuyen sus recursos, es difícil engañarse. Cuando tienes que ir cada vez más lejos para coger lo mismo que el año anterior, o largar más malla, o calar más hondo, sabes que algo no va bien. Entonces, ¿a qué esperan los propios profesionales para denunciar esta situación, para tratar de adecuar su trabajo a los recursos existentes? ¿Saben acaso que el día que terminen con todo –que a este paso lo conseguirán, seguro- el gobierno de turno los indemnizará, lo prejubilará o lo que sea, pero el caso es que los mantendrá con el dinero de todos?

¿Por qué la administración (las varias administraciones implicadas) no se gasta en apoyar iniciativas de acuicultura y otras similares, lo que gasta en mantener una flota cada vez más en precario y sin aguas para faenar? ¿Por qué no se hace un esfuerzo serio en este sentido y se dedican recursos suficientes para reconvertir a los pescadores profesionales en “ganaderos” marinos?

Como es de sentido común, nos referimos especialmente a los buques de altura y dejamos aparte a la flota artesanal de anzuelo. Somos contrarios al empleo de redes, a todas las artes de enmalle que invaden las aguas del planeta: desde los aparentemente “inocentes” cercos costeros, siguiendo con las artes de arrastre que roturan los lechos marinos, y terminando con las kilométricas volantas o redes de deriva. Ninguna buena, unas peores que otras, cierto, pero ninguna inofensiva.

El daño que causan es desproporcionado para lo que aportan. No se deberían permitir ni un día más, y cada minuto que pasen estas artes asesinas en la mar, estará siendo el último de un montón de seres vivos a los que apenas discrimina.

No hay ninguna necesidad de pescar con redes. Se pueden calar palangres, se puede cacear en temporada, admitimos que se empleen jaulas y nasas para ciertas piezas como cefalópodos y marisco. Pero no redes, por favor.

¿Cuántos armadores, marineros, patrones y conserveros viven realmente de la pesca con red? Podrían ser “desmovilizados”, ocupados en otros trabajos, o en otras modalidades extractivas? ¿Cuánto nos costaría? ¿Puede una sociedad como la nuestra asumir ese coste? Seguro que sí. Especialmente si se hiciera a unos cuantos años vista, de forma gradual, sin estrépito ni palabras altisonantes. Poco a poco, pero con la decidida voluntad de acabar con este tipo de pesca en un plazo de tiempo de unos pocos años, pongamos una década.

¿Tan difícil es eso?

Es cierto que algunas especies son únicamente capturables mediante el uso de redes. Es el caso de la anchoa o la sardina. También del chanquete, y dado el estropicio que causaba entre los alevines de las demás especies y que se comercializaban luego como “chanquete”, hubo de ser restringida hasta su prohibición. En cuanto a la anchoa, sardina, arenque, chicharro y demás pesca de este tipo, ¿resultaría dramático dejar de consumir estas especies? Hablamos de pescado barato aunque sabroso, que no aporta nada especial a nuestra gastronomía y cuya captura podría constituir una excusa para seguir empleando artes de enmalle. ¿Alguien se ha parado a imaginar un panorama ecológico donde el pez pasto que puebla los océanos no fuese pescado por el hombre? ¿Imaginan la cantidad de grandes predadores aptos para ser atrapados con anzuelo a que daría lugar esa situación?

En definitiva: ¿no sería más deseable e incluso más rentable a medio plazo pescar únicamente con anzuelo?

Desde luego invertiríamos la situación actual antes de que se vuelva irreversible. Estamos serrando una –quizás varias- patas de una silla que todavía no sabemos muy bien el peso que puede aguantar.

Cada especie que extinguimos o que dejamos bajo mínimos repercute en el engranaje ecológico sin que sepamos valorar su trascendencia. Romper un equilibrio que ha costado cientos de miles de años lograr, debe tener, por fuerza, unas repercusiones nefastas.

En pocos años hemos asistido impasibles a la práctica desaparición de especies comerciales tan comunes como era, por ejemplo, el besugo en el Cantábrico. Este pez por sí solo constituía una fuente de ingresos para los pescadores durante el invierno, algo que parecía fundamental. Ninguna Cofradía hubiera aceptado la restricción de su pesca hace un par de décadas. Ahora que ha desaparecido en el Cantábrico (salvo capturas aisladas), nadie parece echarlo de menos. Tampoco aquellos dedicados a la pesca del sábalo en el delta del Ebro o en la desembocadura de otros grandes ríos. Algunas especies son más vulnerables y se extinguen antes, pero muchas de las capturas más apreciadas llevan ese camino. Que se lo pregunten a los merluceros del Golfo de Vizcaya, a los que pescaban mero o cherna en el Mediterráneo, pargo en el Estrecho, dorada en el Cantábrico…

Parece que tener una mínima sensibilidad ecológica es mucho pedir. Así que no lo pediremos. Nos limitaremos a rogar que, si no lo hacen por defender nuestro medio, el de todos, lo hagan por razones puramente económicas. Otro ejemplo: ¿Cuánta gente vive de la angula? Nadie. ¿Alguno se saca un sobre sueldo o un dinerillo extra con su pesca? Seguro que sí, aunque cada vez menos, pero a nadie le supondría una gran pérdida si vedaran de una vez por todas la pesca de estos alevines. La especie se extingue a pasos agigantados y nadie hace nada. Y en este caso, no hay que justificar puestos de trabajo ni nada parecido.

Eso es lo que ocurre con la pesca profesional: existe una inercia que tira como la resaca en un único sentido, el que lleva a no hacer nada, a que todo siga como está, de mal en peor.

Eso sí, presentado como un gran triunfo haber venido de Bruselas con el mismo cupo que el año anterior, aunque luego para pescarlo haya que escrutar cada centímetro cúbico de la mar. Pues que sepan que, desde aquí, no nos alegramos ni lo consideramos un triunfo.

Nos alegraremos cuando nos digan: hemos desmantelado un par de docenas de arrastreros y sus tripulantes siembran de mejillón unas bateas en la ría. Entonces sí nos alegraremos y felicitaremos al artífice de la idea y su ejecución. Mientras tanto, nos limitaremos a echar pestes.

La pesca con redes es insoportable y tenemos que terminar con ella. Ese es nuestro mensaje.