Mejillón común (Mytilus edulis)

‹Cebos mar

Difiere de otros bivalvos sobre todo porque no vive enterrado, sino asido a la roca por un filamento que segrega -una especie de cerdas de aspecto estropajoso- muy duro, y se apiña en los roquedos y bajíos, donde se juntan miles o millones de individuos en apretada convivencia.

Dado su carácter gregario, y que se encuentra ampliamente extendido por toda la costa y a la vista, es de muy sencilla recolección. Si no, también puede encontrarse en cualquier pescadería a un precio muy módico.

Es una carnada olorosa y apta para casi todos los peces del litoral, pero tiene un fallo que hace que a menudo el pescador lo rechace para cebar sus anzuelos. Nos estamos refiriendo a su escasa consistencia.

Sin embargo, se pueden utilizar algunos trucos para afirmarlo en el anzuelo. El más sencillo es, sin duda, el del hilo de goma, que consiste en dar unas vueltas y un simple nudo con este fino hilo flexible alrededor de la carnada -una vez puesta en el anzuelo-, con lo que ésta quedará consolidada y no se desprenderá cada vez que lancemos o un pequeño pez tire de ella.

Por tanto, sólo debemos servirnos de un carrete de hilo vulgar, para dar unas pocas vueltas sobre la carnada, aunque también hay quien se vale de hilo de goma, que proporciona inmejorables resultados. Esto mismo es aplicable a otros moluscos bivalvos, como chirlas, coquinas, almejas, etc.

En caso de que pretendamos capturar doradas y sepamos de su existencia en un lugar determinado (como una estratégica barra de arena, la entrada de un estuario etc.), debemos ofrecer a estos animales el mejillón entero, a sabiendas de que pocos peces que no sean estos espáridos podrán inmiscuirse en nuestro aparejo.

Para realizar esta pesca tan selectiva debemos encarnar el mejillón entero introduciendo el anzuelo por el sifón.