Masilla

‹Cebos mar

La masilla es un cebo muy empleado, sobre todo en el Mediterráneo, por los aficionados costeros. Aunque lo normal es fabricárselo uno mismo, también se puede encontrar en comercios especializados por un módico precio.

La masilla es un compuesto hecho a partir de una base de harina, a la que se añade agua y otras sustancias para sazonarlo y dotarlo del aroma que se pretende atraiga a los peces. Entre los más comunes se cuentan el aceite de pescado, los triturados de sardinas, anchoas y demás pescado azul, así como otras esencias aromáticas.

La masilla se emplea pescando a media agua, ya sea a corcho o veleta, o a pulso. Nunca a fondo. Cuenta con incondicionales, sobre todo por las ventajas que presenta como cebo económico y de fácil manipulado. Pero eso no quita para que, como cebo en sí, resulte más bien discreto.

Por eso, aunque muchos lo empleen, no aconsejamos su uso, salvo de cara a capturar algunas especies de régimen omnívoro o vegetariano, como los mugílidos o algunos espáridos, como pudiera ser el caso de la boga o de la salpa.

Uno de los fallos más comunes cuando se pesca con masilla es el de colocar una porción demasiado grande en el anzuelo. Las presas típicas con este cebo suelen ser ejemplares de pequeño tamaño y, a menudo, pertenecen a especies que no son predadoras, por lo que su boca tampoco es apropiada para consumir grandes pedazos.

Además, la masilla, a no ser que esté hecha con muy buen tino, suele endurecerse hasta extremos imposibles. Tras unos minutos bajo el agua, el apetitoso bocado se convierte en una bola de cemento que los peces de boca pequeña y frágil serán incapaces de ingerir.