Los lábridos: una familia típicamente veraniega de nuestras costas. Segunda parte

Texto y fotos: Javier García-Egocheaga javier@granpesca.com

Dado que ya vimos en el reportaje anterior sobre los lábridos algunas de sus características más señaladas, conviene tenerlas presentes a la hora de confeccionar nuestros montajes para atraparlos.

Señalemos, punto por punto, aquellas que revisten especial importancia:

1- Comen pequeños invertebrados y su boca no acepta alimentos duros: En consecuencia, el aparejo debe ser apto para pescar con carnada, nunca con artificiales. Lo cebaremos únicamente con anélidos, con moluscos gasterópodos o bivalvos sin concha –nunca con trozos de cefalópodos- y con unos pocos tipos de crustáceos. Lógicamente, evitaremos todos aquellos que sean demasiado duros o grandes, y tendremos que limitarnos a los siguientes: Pequeños cangrejos –a poder ser en época de muda- de no más de 2 cm. de longitud. Quisquillas. Pulgas de mar y cochinillas.

Además, la pata larga presenta la ventaja de dificultar el tragado completo del mismo. Si tenemos en cuenta que muchos de los lábridos que pescamos con anzuelos pequeños, pueden y deben ser devueltos al agua por no dar la talla, conviene no dejar que traguen el anzuelo. Uno de tipo “pico de loro” o corto y redondo, tendrá muchas más posibilidades de ser ingerido y matar al pez que pretendemos liberar.

Por otra parte, un anzuelo muy sólido, de quedar enganchado en la piedra, acarreará a menudo que perdamos todo o gran parte del aparejo.

2- Viven y nadan cerca del fondo, pero a cierta distancia de éste.

Por tanto, las hijuelas o terminales, deben ir colocadas de modo que presenten el cebo a una distancia variable de entre un pie y una braza del lecho marino.

Los lábridos también atacan a un cebo que repose directamente sobre el fondo, por lo que, en montajes de varios anzuelos no es desdeñable la opción de colocar uno en punta que vaya en esta posición.

Sin embargo, los que están suspendidos a cierta distancia suelen registrar mayor número de ataques, quizás porque les resulta más fácil su localización.

3- Su boca es pequeña y carnosa: con lo que el anzuelo ideal es, asimismo, pequeño, de alto poder de penetración y poco sólido. No nos hallamos frente a espáridos de potentes molares y duras bocas, sino frente a unos peces de gruesos labios y bocas puntiagudas, en las que un anzuelo fino, recto y de pata larga, hará presa con mayor facilidad.

Además, la pata larga presenta la ventaja de dificultar el tragado completo del mismo. Si tenemos en cuenta que muchos de los lábridos que pescamos con anzuelos pequeños, pueden y deben ser devueltos al agua por no dar la talla, conviene no dejar que traguen el anzuelo. Uno de tipo “pico de loro” o corto y redondo, tendrá muchas más posibilidades de ser ingerido y matar al pez que pretendemos liberar.

Por otra parte, un anzuelo muy sólido, de quedar enganchado en la piedra, acarreará a menudo que perdamos todo o gran parte del aparejo.

4- Viven en fondos rocosos: Esto condiciona que el aparejo sea adecuado para no trabarse en fondos duros y llenos de obstáculos.

Son de escasa talla: Así que no conviene sobredimensionar la resistencia de nuestros aparejos ni equipos. En lábrido de más de 2 kg., en nuestras aguas es excepcional, y el peso más habitual no pasa del ½ kg. No es como si perseguimos, por ejemplo, doradas, o lubinas, especies en las que, aunque la mayoría de los ejemplares adultos ronden 1 kg. de peso, siempre cabe la posibilidad de encontrarse con ejemplares de más de 5 kg., que darían al traste con un aparejo dimensionado para los ejemplares más comunes. Con los lábridos, esto no ocurre.