Los espáridos. Segunda parte

Texto y fotos: Javier García-Egocheaga javier@granpesca.com

Los espáridos presentan notables diferencias entre sí, pero podemos adelantar algunos rasgos comunes y distintivos con respecto a otras familias cercanas, como son los siguientes:

Tienen una única aleta dorsal, que suele ser larga y que, como la anal, combina radios duros y blandos, y en similar disposición. La anal es de mucha menor longitud que la dorsal(una tercera parte, aproximadamente). La aleta caudal es muy robusta y algo escotada, mientras que las pectorales son finas, largas y afiladas, como las alas de un ave planeadora.

Su línea lateral está bien definida y es continua. Las escamas, de tamaño considerable y muy visibles, cubren la práctica totalidad del cuerpo. Los ojos suelen ser grandes con respecto al resto del cuerpo, máxime en el caso de los pagélidos.

La librea es variable, pero predominan los tonos plateados, mezclándose con otros característicos de cada especie, sobre todo oscuros o casi negros en los sargos y las chopas, amarillentos y verdosos en bogas y salpas, o rosados en los pagélidos y en el dentón. Es típico de muchos de estos peces presentar distintas manchas o bandas oscuras que ayudan a identificarlos rápidamente, como es el caso de las herreras, sargos, obladas, etcétera. En algunos aparece una mancha trasera característica, muy visible, que reconocerá incluso el neófito más advenedizo en las cosas de la mar.

Pero estas manchas en el arranque de la aleta caudal no están ahí para que el ser humano identifique con mayor facilidad a las especies que las poseen, sino que cumplen una importante misión en su estrategia defensiva de cara a los depredadores. Esta coloración disruptiva que simula ojos en la cola, es muy común entre los peces de pequeño tamaño que cuentan con muchos enemigos y se da, especialmente, entre las especies ramoneadoras y que habitan zonas de escollera o arrecife. ¿Quién no ha reparado en esos peces coralinos que aparecen en todos los reportajes subacuáticos, mostrando sus vivos colores y esa especie de ojos en la cola?

En el caso de los espáridos de escasa talla, la mancha enmascaradora está bien definida, pero es especialmente visible en la oblada, que incluso presenta un espacio ocelado –de color blanco- alrededor de la franja negra, que ayuda a resaltar ésta haciéndola más llamativa.

La oblada, por su costumbre de vivir entre dos aguas y en cardúmenes que semejan los de los peces pelágicos, se encuentra muy expuesta al ataque de todo tipo de predadores, a los que tratará de confundir con la disposición de ese “ojo” falso. Esta estrategia cobra gran importancia si tenemos en cuenta que muchos depredadores ictívoros intentan captura a sus presas por la cabeza, nunca por la cola. Esto es así porque abundantes peces-presa (como es el caso de los espáridos) están dotados de duros y afilados radios espinosos en su aleta dorsal, con lo que un predador que ingiriese al pez por la cola, se podría ver en serias dificultades para engullirlo, pues encontraría estas espinas “a contrapelo” y podría incluso llegar a ahogarse en su intento de devorar a su presa.

Por eso, lo normal es que los predadores ataquen al pez por la cabeza y lo ingieran en este sentido –primero cabeza y después cola- para no toparse con la barrera espinosa en que se convierte una aleta dorsal abierta súbitamente.

Consideremos, además, que, en el momento del ataque, el predador trata de interpretar la dirección en la que huirá su presa. Si ha caído en la trampa y cree que los ojos son la mancha, es decir, si confunde la cabeza con la cola, le será imposible determinar el rumbo que tomará la presa en su huída y ésta escapará.

Las proporciones de los espáridos son variadas, oscilando entre los 20 cm. que alcanza el raspallón y los más de 100 del dentón, pero, por norma general, la mayoría de las especies ronda entre los 30 cm. y el medio metro. Es decir, es una familia de peces de tamaño medio, muy adecuados para su pesca con un equipo corriente.

Suelen presentar bocas dotadas de poderosa dentición, sobre todo la dorada y el pargo, aunque también los sargos poseen bocas muy serias, adaptadas a los bocados duros que constituyen gran parte de su dieta. En todo caso, y con la excepción de la dorada, son bocas poco especializadas, propias de su condición omnívora, aunque siempre se decanten, como es lógico, por un diseño u otro en función de su tipo de alimentación predominante.

De esta forma, una herrera o un pancho tendrán bocas relativamente “blandas”, sensibles y pequeñas, idóneas para los pequeños y suaves bocados que buscan entre la arena o el limo del fondo.

O los sargos presentarán bocas más fuertes, capaces de ramonear y de romper un pequeño crustáceo o un frágil molusco. En todo caso, unas y otras, presentarán incisivos para atrapar a sus presas y molares –mayores o menores, según- para triturar lo que se tercie.

Estos ejemplos los comprenderíamos mejor si comparásemos una boca especializada en una alimentación compuesta exclusivamente de pequeños peces -como puede ser la de un jurel- que no precisa de molares, con la de una dorada, en cuyo caso incluso los incisivos son molariformes. Exactamente igual que ocurre con los animales terrestres, donde, si pudiésemos “cruzar” la dentición de un perro y la de un caballo, tendríamos algo parecido a la de un ser humano: un omnívoro; vamos, un sargo con patas.

Son hermafroditas y suelen presentar ambos sexos, al más puro estilo del primer hermafrodita –el hijo de Hermes y de Afrodita, que, por lo que tengo entendido, debía ser un tipo realmente ambiguo-. Sin embargo, en el caso que nos atañe, esto no es del todo así, pues sólo uno de los sexos se muestra funcional, y los espáridos ejercen de acuerdo con el que les toca. Es decir, que, aunque en ocasiones el mismo individuo albergue testículos y ovarios, no se llega a producir la autofecundación, pues impera una de las gónadas que lo atará a un único sexo. O sea, que las hembras son hembras y los machos –como dicen en Méjico- puros machos.

Ahora bien, lo mejor está por llegar, ya que, con la edad, sufren una inversión sexual y donde antes dije Diego ahora digo Diega, ya que lo normal es que los jóvenes machos se conviertan en hembras adultas, salvo en el caso de la chopa, en el que el fenómeno se produce en sentido contrario.

¿Cuándo, cómo y por qué se produce esta inversión sexual tan común en los espáridos?

La verdad es que no le he podido averiguar. Según lo que he leído al respecto –mi única fuente de información, pues no alterno con espáridos hasta ese punto- estas inversiones responden básicamente a factores tales como la densidad y el número de integrantes de la especie, o a factores físicos, como serían la temperatura del agua, las condiciones de sus nichos y ecosistemas, etcétera.

Una vez realizada la freza, los huevos flotan y son arrastrados por las corrientes, haciendo vida pelágica e integrándose en el zooplancton, con la excepción –para variar- de la chopa, que en este caso también lo hará al contrario que el resto. Sus huevos no flotan, por lo que los entierra en lechos blandos, de arena o limo, y nunca harán vida pelágica, ni se integrarán en el zooplancton ni nada.