Las enormes doradas del puntal. Segunda parte

Por J.J. Ulrak. Fotografías y texto. ulrack@teleline.es

Laredo es una población turística, una de las mayores de la Cornisa Cantábrica, que goza de una amplia y sosegada bahía, y una inmensa playa de arena dorada y fina. Estas condiciones han propiciado un gran desarrollo urbanístico, ligado al turismo estival.

Frente a Laredo, en la otra margen del río Asón, se encuentra Santoña, localidad muy marinera, con una larga tradición pescadora y conservera. Santoña se vale del fondeadero natural que proporciona la ría, para servir de atraque a una nutrida flota. Pero también, esta misma ría, conforma las marismas en las que crían muchas especies costeras, que se cuentan entre las más codiciadas por el pescador deportivo.

El Puntal de Laredo, frente a Santoña, comprende el último arenal de la desembocadura, antes de que el Asón se funda con la mar. El fondo es de arena, con depósitos sedimentarios limosos y flanqueado de ralas praderas de algas. El lecho está sembrado de moluscos, como berberechos, navajas, almejas y coquinas, por citar sólo los más representativos.

La escasez de peces que buscan su sustento en estos fondos, viene dada por la fuerte corriente que soportan y la falta de alimentos “blandos”. Así, muchas de las especies bentónicas comunes en casi todos los arenales de la costa, como los lenguados, platijas, rodaballos, salmonetes o herreras, e incluso la ubicua mojarra o el gobio, resultan prácticamente inexistentes en este tramo de la ría. Probablemente se deba a que el alimento disponible es demasiado grande o duro para dichas especies, por lo que, si queremos encontrarlas, deberemos intentarlo bien en la bahía, bien en un tramo más alto de la ría, donde abundan los anélidos, las quisquillas y otros animalillos más accesibles para sus fauces.

Conclusión: los únicos peces que atacarán nuestro cebo en esta parte de la desembocadura serán las doradas, y casi siempre ejemplares de considerable talla. Esta particularidad, sin embargo, presenta la desventaja de que, de no picar éstas, pasaremos muchas horas sin que nada perturbe la quietud de las punteras de nuestras cañas.

Nos encontramos, por tanto, ante una técnica de pesca muy específica, en la que resultará harto improbable que algún “pezqueñín” desbarate el cebo que iba destinado al gran espárido.

En muchas ocasiones, encarnando con gusanas –también llamadas lombrices de mar- y tras varias horas de tenerlas en remojo, al recoger seguían intactas en el anzuelo, lo que podría constituir un caso insólito en otros lugares, pero no aquí.

Para acceder a este pesquil, nos desplazaremos hasta Laredo, -situado entre Castro-Urdiales y Santander- por la Autovía del Cantábrico que recorre la costa. Una vez en el pueblo, seguiremos las indicaciones al Puntal, hasta dar con la ría. Lanzaremos nuestras cañas en el trecho que va, desde las inmediaciones del Club Náutico, hasta el primer centenar de metros de la playa desde la curva de la desembocadura.

Se puede pescar todo el año, de día o de noche, pero el único periodo hábil es el que comprende la bajamar, -una hora antes y una hora después- para minimizar en lo posible los efectos de la corriente que, de otro modo, arrastrará nuestros aparejos.

Como hemos indicado, cualquier molusco o crustáceo constituye un buen cebo. Si no disponemos de algo con lo que condimentar los anzuelos, podemos atrapar fácilmente una docena de cangrejos en los charcos tildales que la marea forma frente al pantalán del Club Náutico. La otra opción consiste en desenterrar alguna coquina, navaja, almeja o berberecho, de los que la playa se encuentra bien surtida.