Las alegrías de la chopa. Segunda parte

Por J.J. Ulrak. Fotografías y texto. ulrack@teleline.es

Su pesca.

Puede ser capturada en todas las estaciones y a cualquier hora del día, pero el periodo ideal comprende los meses estivales y otoñales, durante el ocaso y hasta el alba.

Admite una gran variedad de artes. Su pesca deportiva se lleva a cabo con diversos aparejos de fondo, desde líneas fijas y durmientes, hasta balancines o ballestillas. Tanto da que el cebo se suspenda a una o dos brazas del lecho marino, como que se emplace directamente sobre éste. Con tal de que se halle lo suficientemente próximo, la chopa picará de buen grado. En un aparejo de tipo pater noster, morderá indistintamente los cebos situados a cualquier altura, sin mostrar preferencias apreciables entre las hijuelas a ras de fondo o las que trabajan a mayor altura.

Desde tierra cabe hacer la misma consideración. De este modo, cualquier aparejo de fondo de los que empleamos en la modalidad de lance pesado será adecuado. Al margen de que utilicemos uno diseñado para la captura de peces estrictamente bentónicos –como puede ser un lenguado-, o nectobentónicos –es decir, los que nadan cerca del fondo- como son la mayoría de los espáridos.

Entre los primeros, se encuentran los montajes en los que el anzuelo queda por debajo del plomo. Entre los segundos, como sería el caso del ya mencionado pater noster, están aquellos en los que el plomo remata el aparejo.

Lo normal es que salga disparada en dirección opuesta a nuestra tracción y busque aguas libres en su desesperado camino. Si pescan con aparejo ligero y sedal fino –cosa que recomiendo- aflojen el freno y diviértanse.

La chopa no hace distingos. Lo que sí resulta conveniente es que el aparejo que utilicemos se componga de al menos dos anzuelos, dado el carácter gregario de esta especie, que acostumbra a vivir en bálamos de cierta densidad.

El tipo de anzuelo, e incluso –dentro de lo razonable, claro- el grosor del sedal, tampoco resulta de gran importancia. La chopa, una vez más, no se muestra muy exigente y atacará sin pensárselo ni hacer mayores consideraciones sobre el particular.

Cuando sintamos la picada, debemos esperar. Dejar comer a la chopa es sinónimo de apresarla. Se tragará el cebo con glotonería sin reparar en el anzuelo, y no será necesario clavar con un toque de muñeca. La chopa que pica no suele escapar.

Por eso es un pez “fácil”, apto para todos los públicos, por muy novatos que sean en esto de la pesca.

Una vez presa, la chopa se defiende con dignidad. Nada llevándose el aparejo y lucha hasta el fin de sus fuerzas, que nunca escatima en el combate. Tampoco muestra ese instinto de otros espáridos que les lleva a enrocarse y consiguen romper el sedal haciéndose fuertes en las hendiduras de las peñas.

¿Qué cebos debemos emplear?

Hemos llegado a mi parte favorita. ¿Los cebos para la chopa? Yo diría que todos. Siempre y cuando sean lo suficientemente blandos –ya indicamos que no posee molares para triturar ni dentición adecuada para romper- todos resultan óptimos.

Tiras de pescado o en trocitos de tamaño adecuado al anzuelo, pueden ir muy bien. ¿Y unos sabrosos gusanos? Perfectos. ¿De qué tipo? Del que ustedes quieran, oiga, con la chopa siempre estamos de saldo. ¿Y si resulta que optamos por unos mejillones u otros moluscos –sin valvas-? Estupendo. A la chopa se le va a hacer la boca agua sólo pensarlo.

¿Tienen que ser frescos? Bueno, siempre es mejor que los cebos sean frescos… Pero la chopa no hace ascos a los congelados o a los conservados en salmuera.

Su apetito en voraz y ya se sabe que, a buen hambre, no hay pan duro. Y hablando de pan, ¿también sirve el pan? Muchos aficionados lo desaconsejan. Pero, qué quieren que les diga: yo he pescado chopas con masilla de pan. Igual ha sido una coincidencia y me han hecho el favor por tenerlas en tanta estima. No sé.

En todo caso, cada cual cuenta la feria según le ha ido, ¿no es cierto?, y a mí siempre me ha ido bien con las generosas chopas.