Las alegrías de la chopa. Primera parte

Por J.J. Ulrak. Fotografías y texto. ulrack@teleline.es

Bueno para comer, combativo en el anzuelo y fácil de capturar. Así es la chopa, un pez sumamente agradecido, que, sin embargo, no goza del prestigio que se merece entre muchos aficionados.

En este reportaje vamos a partir una lanza en su favor y dar a conocer las virtudes de esta especie, que puede hacer las delicias de casi cualquier pescador deportivo.

La especie.

Pertenece a la familia de los espáridos, al géneroSpondiliosoma. Está, pues, emparentada con sargos, doradas, besugos y bogas, por citar sólo alguno de los más representativos miembros de esta amplia familia de peces marinos.

La chopa posee varios nombres científicos como son Spondiliosoma cantharus, Spondiliosoma brama, Spondiliosoma lineatus, Cantharus cantharus, Cantharus griesus, Cantharus tanuda, Cantharus vulgaris o Cantharus orbicularis, y una también dilatada nomenclatura vulgar en función de cada lugar de nuestra geografía. Así, en el País Vasco se le llama txopa o zapatero; en Cantabria, aparte de los anteriores, también es conocido porpispiruto (desde Mioño hasta Laredo) y a medida que nos desplazamos hacia el oeste, comienza a ser llamado choupa, pancha, panchón, chaparañay de muchas otras formas, con la prodigalidad de la que hacen gala los pescadores gallegos en la denominación de las distintas especies. En Andalucía vuelve a ser chopa y, a medida que el Mediterráneo nos acerca a las costas levantinas y catalanas, escuchamos referirse a este pez por el nombre de cántara, de gran difusión en toda esta zona.

La pesca de la chopa es especialmente atractiva para los aficionados más jóvenes.

Nuestro pez se caracteriza por poseer unas medidas y una silueta que nos recuerdan a las del sargo común, si bien esta última es ligeramente más redondeada. Su librea, de tintes cenicientos, constituye una de las particularidades de esta especie, lo que ha originado su nombre vulgar en algunos idiomas (griset en francés y black bream en inglés, por citar algunos).

Otra diferencia apreciable con respecto a otros espáridos de morfología semejante, la encontramos en su dentición, ya que presenta unos pequeños dientes punzantes en el lugar que correspondería a los incisivos de los sargos. También constatamos la ausencia de molares, lo que le resta la posibilidad de ingerir cebos demasiado duros, como podría ser un crustáceo de medianas proporciones, o un molusco que no haya sido previamente despojado de sus valvas.

Su dieta es omnívora, con más presencia de elementos de origen vegetal de lo que es habitual entre los espáridos (con la salvedad de la boga y de la salpa), como acredita el verdín que hallamos a menudo en sus vísceras. No obstante, se decanta por los alimentos de origen animal, y escogerá éstos en detrimento de los vegetales si se le presenta la ocasión de elegir entre ambos.

Dónde se encuentra.

Aunque se trata de un pez de distribución litoral, raramente se

acerca mucho a tierra (aunque esto sea más frecuente en el Cantábrico que en el Mediterráneo) a no ser que encuentre profundidades de más de la decena de metros. De todas formas, en sus incursiones durante las noches del estío, puede ser sorprendida a media agua casi pegado a los muelles y diques de los puertos, pero esto no deja de ser un comportamiento excepcional.

De ahí que, en las costas norteñas, la chopa se halle entre las capturas comunes del aficionado al lance pesado -que sí logra ubicar su aparejo a la profundidad conveniente-, mientras que en el Mediterráneo sea más abundante en la bañera de las embarcaciones de bajura.

En cualquier caso, siempre que se dé este requisito de una profundidad mínima de unos diez metros, podemos encontrar a nuestro pez sobre fondos mixtos, con tendencia a los lechos blandos y ricos en alimento. Este dato es importante, pues la chopa no gusta de los fondos muy batidos, rocosos –duros, en definitiva- donde cazará el sargo pequeños crustáceos o buscará la dorada los moluscos adheridos a las peñas. No: la chopa prefiere unas condiciones más tranquilas, con pequeñas rocas entreveradas en el cieno, con ralas praderas de algas y manchones de arena. Los mismos lechos por donde vagarán otros espáridos, como los del género pagellus (el besugo, la breca o el aligote), cuyos cebos y aparejos comparte para su desgracia.

Por eso es una presa habitual de los palangres de fondo, que, en muchas ocasiones, no van destinados a la chopa, ya que su precio en la lonja es considerablemente inferior al que alcanzan esos otros parientes que acabamos de mencionar.