LARADEÑO Y SANTOÑA / Cantabria

‹Lugares mar

La bahía que conforma la ría de Treto, en la desembocadura del Asón –rico en salmónidos-, se asientan estas dos importantes poblaciones. Laredo es muy conocida gracias a la numerosa población turística que soporta, mientras que Santoña lo es por su importante industria pesquera y conservera. En la primera, habremos de mencionar sus largas playas de arena finísima, cuyas aguas sirven a bañistas y pescadores. En uno de los extremos de la playa –el Puntal de Laredo- se asienta uno de los mejores lugares de Europa para practicar el windsurf y la vela ligera, parangonable con La Manga del Mar Menor e, incluso con la gaditana playa de Tarifa, quizás –junto con algunos puntos canarios- el mejor sitio en nuestro continente.

El aficionado deberá visitar las marismas de Santoña, declaradas Reserva Nacional de Aves Acuáticas, emplazadas en la ría del Asón, en la que, también abundan muchas de las especies piscícolas más deseadas por el pescador deportivo. Aquí podemos cacear lubinas con artificiales, o tentar a los sargos y platijas con gusana, a fondo. En invierno las corrientes de la ría nos deparan magníficas capturas de lubinas si lo intentamos por la noche a flotador, cebando los aparejos con angulas; si preferimos el lance pesado, lanzando desde el Puntal de Laredo en dirección a Santoña, podemos interceptar la subida de los bancos de doradas. En este caso debemos lastrar bien los aparejos –la corriente es muy pronunciada- y cebar con cangrejo vivo, manteniéndolo preso en el anzuelo con la ayuda de una pequeña goma.

En toda la ría se puede pescar de esta forma y capturaremos especies y tamaños diversos. Pero hay un lugar, el tramo de playa comprendido desde el pantalán del Club Náutico de Laredo, hasta la desembocadura de la ría –apenas un centenar de metros-, donde sólo podremos pescar doradas, ¡y nunca menores de un kilo!

Lo normal, sin embargo, es no pescar nada, (la dorada es un pez caprichoso como pocos y podemos dar con ella lo mismo que no), ahora que, si acertamos y esa noche les da por picar… Sólo la posibilidad justifica las muchas horas que estaremos observando pacientes las aguas nerviosas que corren hacia la mar.

Lo idóneo es tentarlas de noche, en las dos horas -una antes y otra después- de la bajamar, para tratar de mitigar en lo posible la acción de la corriente, y tomando como referencia para lanzar el castillo fortificado de Santoña, que está iluminado.

Al otro lado de la fortaleza se halla el Penal de Santoña, que, al decir de los reclusos, goza de unas excelentes vistas, lo que en nada ayuda a mermar el sufrimiento del cautivo. Entre los aficionados a pescar en este trecho de la ría, se cuenta uno que estuvo penando en esta cárcel durante años y, ahora, con el atardecer, monta sus aparejos y permanece –quién sabe si atento a la puntera de la caña o a sus recuerdos- mudo durante horas frente a su antigua morada.