La anguila barbuda y su pesca

Por J.J. Ulrak. Fotografías y texto. ulrack@teleline.es

La anguila barbuda es un animal que encontraremos en la zona de escollera, siempre oculto entre las grandes piedras de los bajíos.

Una buena pescata de este escurridizo pez. Es de color oscuro, con tintes rojizos y se asemeja a un pequeño congrio; recibe su nombre por la presencia de unos barbillones muy visibles.

Su parecido morfológico delata también semejanzas de otra índole, sobre todo las referidas a su comportamiento y hábitat.

La anguila barbuda también es eminentemente nocturna y durante el día vive oculta en inaccesibles agujeros entre las piedras de la línea de rompientes, o en las guaridas que le proporcionan las estructuras rocosas de muelles y diques artificiales.

Para pescar este pez se desarrolló una técnica muy especial, que con el paso del tiempo, ha quedado relegada a la sabiduría de los más viejos aficionados.

Para capturarlas se emplea una larga vara de bambú, en cuya puntera se ata un cabo de sedal de dos pies de largo y se empata un anzuelo, cebado generalmente con calamar.

Ya hemos dicho que tanto la morfología como los gustos de este pez se parecen bastante a los del congrio, con lo que los cefalópodos aparecen como la mejor carnada, y el anzuelo, acorde con su ancha boca, será de proporciones considerables para la escasa talla del animal, que raramente supera los 60 o 70 cm.

Esta técnica es realmente sencilla. Se coge la vara de bambú y se introduce en los agujeros más inaccesibles entre las rocas. Para ello es conveniente aprovechar la bajamar y pescar hasta media marea recorriendo la escollera, a poder ser con la mar en calma para mayor seguridad.

La puntera de la vara se va introduciendo por todos los agujeros y grietas que encontramos en la escollera, la cual se recorre durante la bajamar.

Lo mejor es emplear un número variable de varas, entre cuatro y una docena.

Se introducen las varas y se dejan unos minutos, antes de intentarlo en otro sitio. Si percibimos unas violentas vibraciones es que el pez está clavado y se debate frenéticamente.

No hay peligro de que escape, pues la barbuda traga hasta el fondo y hace que el anzuelo se clave sólida y profundamente.

Para conocer la picada, sólo hay que observar periódicamente las varas, pues estás se agitarán mientras el animal trata de arrastrarlas a lo más profundo de su guarida.

Entonces tiramos del extremo del bambú y cobramos la pieza, que, aunque de modesta talla, será siempre sabrosa y de un delicado sabor marino.

Sus carnes son apreciadas por su exquisito gusto, aunque su reducido tamaño hace que no sea un pez de interés comercial.