Pescando en la desembocadura. Parte I

Consiste en suspender el cebo a una profundidad determinada pero sin llegar a tocar el fondo mediante el empleo de una boya o flotador.

Es ideal, por tanto, para peces que no son propiamente de fondo. Me explico: si pretendemos pescar salmonetes, lenguados, rodaballos o anguilas mediante este sistema, fracasaremos estrepitosamente. Si, por el contrario, hemos detectado la presencia de un bálamo de jureles o chicharros, por ejemplo, accesibles para nuestro aparejo, sería un error lanzar el cebo al fondo, pues no es allí donde viven y se alimentan estos peces. En consecuencia, lo mejor será utilizar un aparejo que trabaje a media agua, ya sea a pulso o a flotador.
La pesca a flotador suele llevarse a cabo en aguas de escasa profundidad, aunque también se emplea a veces en aguas profundas buscando a peces que se alimentan en la superficie o cerca de ella. Pero si lo que pretendemos es pescar en aguas profundas dejando el cebo cerca del fondo, nos encontraremos con un problema, pues tendremos que ajustar nuestro flotador a varios metros por encima del cebo y, de este modo, superando la longitud de la caña, nos veremos imposibilitados a lanzar el aparejo.
Este problema, por fortuna, tiene fácil solución con el truco de la bolita. Esta es una cuenta de plástico de collar o similar, consistente en una pequeña esfera agujereada en el centro. La colocaremos encima del flotador, al que previamente habremos despojado del palito o veleta que sirve de pasador para fijarlo en la línea y así determinar la profundidad. Ahora, lo que marque la profundidad del aparejo será un pequeño nudo, que haremos con un trocito de sedal -nunca valiéndose de la línea del carrete- en la misma línea madre.

Este nudito podrá ser dado a cualquier altura de la línea que deseemos, de forma que el aparejo irá discurriendo libremente hacia el fondo, hasta que el nudito se encuentre con la cuenta de plástico que se sitúa encima del flotador y hace de tope. De esta manera podremos lanzar con suma facilidad y marcar la profundidad, tantos metros como sea necesario, que creamos oportuna.
Además, conviene saber que la mayoría de los peces comen más confiados cuando están cerca del fondo, o, por lo menos, a cierta profundidad, lo que les da seguridad y ayuda a vencer sus recelos ante la carnada.

Una versión de la pesca con flotador la encontramos en la que se realiza con burbuja o buldó, que es un flotador de plástico o de goma transparente de forma más o menos esférica u oval, y que lleva incorporados dos taponcitos para poder introducir agua y darle el peso y la flotabilidad adecuada. La burbuja de río suele ser menor que la que se emplea en la mar, pero el sistema es el mismo. Consiste en tener un flotador pesado e invisible al pez, que puede ser lanzado merced a su peso y que está indicado para pescar en superficie sin ningún tipo de lastrado adicional al margen de su propio peso, que determina el agua que hayamos introducido dentro.

Es muy empleado para pescar truchas con mosca ahogada, pero va muy bien para pescar también algunos peces de mar, como son los mugílidos (corcones, lisas, mujoles, etc.) encarnando el anzuelo con un trozo de pan, que, con ayuda de la burbuja, podrá ser lanzado todo lo lejos que se quiera y, una vez el aparejo en el agua, permanecerá flotando en la superficie de la forma más natural.
En el mercado se encuentran muchos y muy diversos tipos de flotadores, algunos de ellos con forma de uso, especialmente sensibles para pescar tímidos peces en aguas quietas. También encontraremos flotadores con un apéndice fluorescente para pescar de noche, etc. El flotador tradicional, al contrario que la burbuja, puede ser visto por algunas especies que desconfiarán del artilugio.
Por eso es recomendable que éste sea pequeño y de colores neutros (algunos flotadores son preciosos conjuntos cromáticos pero en ocasiones, despertarán la desconfianza del pez) y que la pata de sedal de la que cuelga el anzuelo tenga por lo menos medio metro de longitud (aunque recomendamos un metro o más).

En caso de que batamos aguas poco profundas –de menos de un metro o metro y medio de profundidad- recomendamos el empleo de la burbuja.
Un error común cuando se pesca con flotador es lastrar el aparejo con perdigones muy cerca del anzuelo. Aunque algunos pescadores experimentados (sobre todo de agua dulce) lo emplean con acierto para ciertos tipos de ciprínidos, como norma general y para los aficionados que están comenzando, es más recomendable situar el lastre lejos del anzuelo.
De esta forma, el cebo se moverá de forma más natural, especialmente si la línea es de poco grosor, y el aparejo será más efectivo. Además, el pez que ataca el cebo, debe poder llevárselo y engullirlo como si éste no tuviese ninguna sujeción.
Cuanto más natural resulte todo el proceso, más picadas y más capturas obtendremos.

 

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