Pesca de mugílidos: la auténtica escuela de pesca de mar. Parte II.

Existen muchas maneras de pescar mugílidos. Pero si nos circunscribimos a su captura con caña, antes que nada deberemos tener en cuenta una serie de puntos que, debido a sus patrones biológicos, afectan a su modo de pesca.

Primero: Aunque su tamaño medio sea considerable –un ejemplar adulto suele oscilar entre los 500 y los 1.500 gr.- su boca es relativamente pequeña, por lo que los anzuelos habrán de ser de escasa talla y cortos.
Segundo: Al no tratarse de peces predadores, su picada será débil, como de ciprínido –para aquellos que estén familiarizados con la carpa, la tenca, etcétera- y habremos de clavar con decisión y al primer toque.
Tercero: Es un pez acostumbrado a moverse en capas superficiales y posee muy buena vista. Si lo tentamos a poca profundidad, el aparejo deberá estar situado a suficiente distancia de donde nos encontremos, para evitar en lo posible que detecte nuestra presencia y desconfíe.
Cuarto: Su forma de comer no es “a bocados”, sino que, más bien, chupa, deshace y succiona pequeños trozos y partículas. Un cebo demasiado duro –como una masilla muy compacta- nos restará muchas posibilidades.
Pese a que podemos intentar capturarlos a fondo, lo más recomendable es a media agua o en superficie. El aparejo ideal debe ser ligero, con bajos de línea que no superen un grosor del 0.20. Los anzuelos, mejor que pequen de pequeños que de grandes.

Si utilizamos flotador, éste será muy sensible, perfectamente lastrado y equilibrado para que el pez encuentre la mínima resistencia y advirtamos con toda claridad su tímida picada.
De cebo emplearemos masillas, pan o trozos de pescado –sardinas, anchoas, etcétera- pero siempre utilizando engodo o macizo para atraer los cardúmenes e invitarles a probar el banquete antes de poner acero en el postre. Lo ideal es poder mantener al bálamo alrededor de nuestro aparejo, cosa que no será complicada si macizamos de forma continua.
Una vez que el cardúmen se ha familiarizado con la comida que le ofrecemos resultará sencillo que sus integrantes tomen nuestro cebo sin desconfianza.
Como es un pez que come con frecuencia en superficie, el pescador de río podrá perseguirlo “a látigo”, con una imitación en algodón de miga de pan, previo cebado con este alimento. Esta es una técnica cada vez más de moda, y, a mi entender, la más sencilla para capturar peces marinos con cola de rata. No es tan emocionante como cabría esperarse, si la comparamos con la pesca de salmónidos con este procedimiento, pero las continuas picadas la convierten en algo muy divertido. Además, como, generalmente, encontraremos a estos peces nadando en superficie, resulta mucho más amena que si pretendemos capturar otros peces marinos echando a ciegas en la inmensidad de la superficie, pues aquí pescaremos a pez visto.

Pero existe otra técnica, -mi favorita- mucho más accesible y apta para todos los públicos, a la par que divertidísima.
Para llevarla a cabo emplearemos una burbuja (también conocida por buldo) amarrada a la línea madre, de la que colgará una pata –de unos 50 cm.- de menor grosor y un trocito de pan como carnada.
Después de haber arrojado al agua unos cuantos pedazos, cuando los mugílidos están engolosinados con el pan nuestro de cada día, lanzamos el aparejo al mismo punto. Dado que la burbuja flota y el pan también, podremos ver el cebo en la superficie y cómo se aproxima la lisa como un pequeño tiburón. De hecho, en este punto es análoga a la anteriormente mencionada con cola de rata. La diferencia estriba en que ahora podemos utilizar una caña y un sedal convencionales para mar.
Pronto veremos el trocito de pan bullendo entre un enjambre de bocas ansiosas que rompen las superficie. Entonces, en una fracción de segundo, el pan desaparece dentro de una de las bocas que pugnaban por hacerse con el bocado. ¡Tire! ¡No se lo piense! ¡Clávelo! ¡Ya es suyo! No espere a que lo trague o perderá muchas capturas.

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