Pesca de mugílidos: la auténtica escuela de pesca de mar. Parte I.

Tanto da que usted no haya pescado nunca o que, aún habiéndolo hecho, estime que necesita todavía unas cuantas “horas de vuelo” para perfeccionar su técnica. En cualquier caso, perseguir a estos peces será la opción ideal.

La familia de los mugílidos comprende en nuestras costas media docena de especies de aspecto y costumbres muy similares, que, a efectos de la pesca deportiva, trataremos como una sola. De hecho, diferenciarlas llega a resultar muy complicado y, dado su semejanza, preferimos dejar esa labor clasificadora para el ictiólogo profesional y centrarnos en lo que concierne a su captura con métodos deportivos.
Los mugílidos se conocen en el litoral peninsular con una variada gama de nombres comunes que, por lo general, tampoco distinguen entre las diferentes especies. Así, lisas, galupes, mubles, muiles o múgiles, mújoles o mujoles, pardetes, corcones o capitones, son algunos de los términos vulgares que se usan más frecuentemente para designarlos.
Como características principales, señalaremos que todos ellos son peces muy prolíficos y gregarios, acostumbrados a desplazarse en densos cardúmenes, que raramente se alejan de la plataforma continental. Además, son eurihalinos (soportan distintos grados de salinidad) y capaces de desenvolverse en pocos centímetros de agua, por lo que se adentran en sistemas fluviales o en charcas, marjales, albuferas e incluso acequias con toda naturalidad.
Pero todavía hay más: estos super peces aguantan sin pestañear grandes cambios térmicos del agua –lo que es rarísimo en las especies típicamente marinas- y toleran índices de contaminación orgánica considerables.
Esa es la razón que los hace tan frecuentes en entornos muy degradados, como son las salidas de las alcantarillas, los puertos, las rías de cursos muy castigados y un largo etcétera de entornos acuáticos tristemente heridos por la mano contaminadora del hombre.

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Los parientes pobres.

A estos peces, despreciados por algunos, les profeso un cariño especial. No en vano muchos aficionados –entre los que me incluyo- nos hemos hecho pescadores insidiando mugílidos, auténticos parientes pobres de otras especies más cotizadas.
Buena parte de los conocimientos de muchos aficionados, entre los que me incluyo, han venido de la mano de lisas, mubles y corcones. Con ellos hemos aprendido a clavar al primer toque, a detectar la imperceptible picada, a “trabajar” ejemplares que superaban ampliamente el kilogramo de peso, antes de enfrentarnos con lubinas o doradas. Por eso recomiendo seguir los mismos pasos.
Los mugílidos son difíciles de engañar, mucho más de lo que la gente piensa y, desde luego, más que las citadas lubinas o doradas. Lo que ocurre es que hay muchos, muchísimos: grandes bálamos que pueblan todas nuestras aguas, que se aprestan a comer donde otros peces se muestran inapetentes o ausentes y que no hacen ascos a casi ningún cebo. Pero eso no quita para que, llegado el caso, si nos encontrásemos, por ejemplo, con un banco nutrido de lubinetas o de doradas, las capturásemos con mayor facilidad que a los desconfiados mugílidos.
La realidad (o los números), sin embargo, se impone. Y es que la desproporción entre las poblaciones de mugílidos y de otras especies de parecida talla es tal, que determinará que las posibilidades de capturar a los primeros sean siempre mayores, frente a cualquier otra especie de similares características.

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