Introducción a la pesca costera. Segunda parte

El equipo
Respecto al equipo, conviene desechar unos cuantos tópicos instalados en la mayoría de los que se acercan a la pesca marítima por primera vez. Pese a que los océanos se vean surcados (cada vez menos, de todas formas) por peces enormes, el equipo que emplearemos no ha de ser pesado y fuerte, sino, más bien, de reducidas dimensiones y lo bastante ligero para aguantarlo en la mano durante varias horas.

Tenga usted en cuenta que nunca tendrá acceso a los atunes que aparecen en los anuncios de conservas, ni a los meros que pueblan el menú de las bodas. Ni siquiera al pez espada que tantas veces ha comido con ali-oli. Un pez de más de cinco kilos en nuestras costas constituye casi una rareza, una excepción que no vale la pena contemplar. Así que, por muy optimista que sea usted, cómprese una caña ligerita y de unos tres metros, un sedal de menos del 0.25 y unos anzuelos del tamaño de su uña meñique. Y créame, serán más que suficiente para capturar el 99% de los peces que se interesen por su carnada.
Además, cuanto más ligero sea su aparejo, más disfrutará de sus capturas y, en líneas generales, más barato le saldrá el equipo.

Los mejores lugares


A priori, cualquier lugar es bueno. Depende de las circunstancias. Lanzar en una playa poco frecuentada por bañistas resulta excelente, pero no menos idóneo será el interior de una bahía, o los cortados al pie de una pared rocosa.
Ahora bien, para determinar la elección de nuestra zona de pesca, habremos de contemplar ciertas variables, en especial tres, que citamos a continuación:
La primera, que el sitio elegido sea “fácil”. Cuando digo fácil, quiero indicar que su acceso es sencillo, que no presenta peligro –no hay olas, ni demasiado verdín en las rocas, ni otros riesgos- y que es suficientemente espacioso para permitir movernos con el equipo.
La segunda condición es que alcancemos zonas de cierta profundidad con nuestro aparejo, estimando el mínimo en unos dos metros.

Esto es muy importante en el Mediterráneo, donde la marea es poco apreciable y los peces no acostumbran a desplazarse hacia la orilla a medida que ésta sube. Además, las aguas, por lo general más quietas y cristalinas que las de las costas oceánicas, favorecen que la pesca se encuentre a mayor profundidad. Recuerde que los peces se sienten más vulnerables en estas condiciones de poco fondo y agua nítida, por lo que tenderán a no acercarse demasiado a tierra.

.

Por último, habremos recabo cierta información sobre lo que pretendemos capturar y nos cercioraremos de que, tanto nuestro equipo como el cebo y el lugar elegido, se corresponden. De no ser así, estamos abocados al fracaso más estrepitoso.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

Unos consejos de despedida
Lo más recomendable para alguien que se inicia es que practique las dos modalidades más típicas y sencillas: a fondo y a boya. Olvídese de los artificiales, de la pesca a pulso, de los aparejos complicados o de múltiples anzuelos.
Si no sabe empatar anzuelos, cómprelos empatados y practique en casa el nudo con un bolígrafo y un cordón de zapatos, pero no arruine su jornada de pesca tratando de dar un nudo que no le sale.
Separe los plomos del anzuelo al menos treinta centímetros, y no ponga ni mucha ni poca carnada: justo para que cubra el anzuelo.
Si pesca a fondo, procure echar sobre un lecho de arena o fango y evite los fondos rocosos donde, a buen seguro, perderá el aparejo. Si pesca a boya o flotador, sea generoso dando calado al aparejo, pues en esta modalidad es siempre preferible pecar por exceso que por defecto. Mantener la carnada a una braza sobre el fondo resulta generalmente efectivo, mientras que a una braza bajo la superficie sólo capturaremos unas pocas especies.
Ah! Y, sobre todo, fíjese en lo que hacen y cómo lo hacen los demás pescadores. No le dé vergüenza preguntar, que nadie ha nacido sabiendo. Y si se le enreda el aparejo, le comen el cebo sin poder clavar al pez, o lo pierde cuando usted lo veía ya en la sartén, recuerde que no se aprende a montar en bicicleta sin haberse caído antes muchas veces.

Bookmark the permalink.