Iniciación a la pesca con pez gato

Estábamos buscando un pez ideal para iniciarse en la pesca en aguas continentales. Barajábamos distintas especies y encontramos varias que reunían los requisitos que creíamos indispensables. Pensamos en carpas, barbos, peces sol y otros varios, hasta que se nos ocurrió uno en el que nadie parece reparar y a todos molesta su introducción en nuestra aguas: el pez gato

Esta especie está considerada como dañina para la fauna autóctona, lo cual es totalmente cierto. Nosotros mismos lo comprobamos el otro día, cuando, con objeto de elaborar este reportaje, decidimos acudir a una charca donde sabíamos de su presencia.
Pues bien: en este lugar antes vivía una saludable colonia de carpines, algunos de ellos de buen tamaño y preciosa librea. En poco menos de un año, los peces gato se han encargado de hacerlos desaparecer.
Bien es cierto que la charca en cuestión era de muy pequeñas dimensiones y muy escaso fondo, pero, de todas maneras, los insaciables gatos se han convertido en pocos meses en los únicos inquilinos.

La causa es que estos peces son implacables devoradores de huevos y alevines, lo que hace que su vecindad sea insoportable para las especies a las que les toca compartir el mismo espacio.
Así que ustedes pueden pescarlos sin reparos. Y cuantos más, mejor. No se trata de grandes luchadores, ni tienen valor gastronómico alguno. Por no tener, no tienen ni la talla suficiente para combar una caña medianamente rígida. Pero presentan la ventaja de picar a cualquier cebo, a cualquier hora del día o de la noche y casi con cualquier aparejo.
Además, la anchura de sus fauces propicia que la talla del anzuelo o el tamaño del cebo tampoco presenten ningún inconveniente.

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Hace años, viviendo en América, solía pescar peces gato. Claro, allí alcanzaban dimensiones respetables y, de hecho, en los estados del sur, se cuentan entre las especies piscícolas más comunes consumidas por el hombre. Sin llegar a ofrecer gran calidad gastronómica, hay que reconocer que tampoco saben mal. Así que es una especie relativamente valorada, que se pesca y se cocina, y que cuenta con bastantes adeptos.
El problema es que en nuestro país el pez gato padece un enanismo que lo convierte en minitalla. Es decir, pierde todas las cualidades deportivas y gastronómicas que pudiera tener en su país de origen, pero multiplica sus efectos nocivos debido a la proliferación de una infinidad de pequeños esquilmadores de puestas de otros peces.
Pero como en la pesca hay que ser posibilista para no desesperar constantemente, nuestra labor es tratar de sacar algún beneficio de esta especie tan perniciosa. Y creemos que lo hemos encontrado –y el que no se consuela es porque no quiere-. Aprendan a pescar con los peces gatos. Pésquenlos en grandes cantidades, pésquenlos en cualquier sitio, por muy asqueroso o contaminado que esté. Practique con él la técnica de clavado al primer toque, pésquelo con flotador, a pulso, a fondo. Pésquenlo.

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Y, si no lo quieren matar, no los mate. Pero nunca los deposite en otro lugar que no hayan colonizado previamente.
Ni siquiera en la charca que tienen en el jardín de su casa. Porque, lo peor, es que sobrevivirán. Se lo aseguro.
Y se comerán todo lo que encuentren, y sus aguas pronto se llenarán de una miriada de estos “sapillos” insaciables.
Para pescarlos simplemente utilice una caña, no importa las dimensiones y la acción, un carrete de cualquier otra modalidad de pesca en agua dulce, un pequeño corcho, anzuelos, pequeños plomitos para equilibrar el corcho y un puñado de granos de maíz.

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