Ermitaño (Eupagurus bernhardus)

‹Cebos mar

También conocido como caracol bruja o magurio, constituye un magnífico cebo que puede ser recolectado sin esfuerzo durante las horas de bajamar. Es muy eficaz para todos los peces de roca. En el Mediterráneo su variedad “gigante” es empleada frecuentemente para cebar los palangres de fondo de los profesionales. Presenta la ventaja añadida de que, si nos acercamos al puerto pesquero más cercano, podremos conseguirlos a miles cuando limpien las redes de arrastre.

Este crustáceo figura en las primeras posiciones de la lista de mejores cebos; sin embargo, existen muchos aficionados que no lo conocen o, simplemente, no lo utilizan.

Quizás el mayor inconveniente que presenta es su escasa talla, pero en el Mediterráneo encontramos una subespecie endémica de ermitaño de mucho mayor tamaño que el común, ampliamente distribuido por todo el litoral ibérico.

Podemos aprovisionarnos de estos crustáceos en las rocas que deja al descubierto la marea o bien husmeando entre las artes de arrastre, cuando son limpiadas en el puerto.

El ermitaño, al revés que los moluscos gasterópodos, no es capaz de fabricar su propia concha, por lo que debe usurpar la de los caracoles marinos e ir cambiando a una mayor, a medida que crece su cuerpo.

Este cangrejo debe ser encarnado comenzando por su blando abdomen, de manera que la punta del anzuelo salga finalmente por la cabeza, entre las patas. Su aspecto resulta poco agraciado –de ahí que en muchos puntos de nuestra geografía es conocido vulgarmente como “caracol bruja”-, pero para los peces de roca, es deliciosos e irresistible. Constituye una carnada perfecta para pescar lábridos, espáridos y pequeños serránidos.

Para sacarlo de la concha, bastará con calentarla con un mechero o en una pequeña parrilla. Tan pronto como sienta que su tradicional refugio quema y se ha vuelto, por tanto, inhabitable, el indefenso magurio saldrá despavorido.