Dorada

‹Especies mar

Nombre científico: Sparus aurata, Chrysophys aurata, Chrysophys crassirostris, Pagrus aurata, Aurata aurata

Otros nombres comunes:   Andalucía: Dorada, orada   –   Asturias: Dorada   –   Canarias: Dorada   –   Cantabria: Dorada   –   Cataluña (Levante): Daurada, orada, aurada   –   Galicia:Dourada   –   Murcia: Dorada   –   País Vasco: Dorada, Txelba urranburua

En otros países:   Portugal: Dourada, safata   –   Italia:Orata   –   Francia: Vraie dorade, daurade, aur    -   Reino Unido: Gilthead

Es el mayor de los espáridos que habita nuestras aguas. De cuerpo alargado y comprimido, puede sobrepasar el metro de longitud y llega a superar los 15 kg. de peso. El origen de su nombre radica en su particular dentición, en la que los caninos, largos y afilados, resultan muy visibles.

Estos dientes cumplen una misión muy concreta, apropiada para capturar y retener a las presas de las que se alimenta, en muchos casos ágiles pececillos que escaparían de una boca roma y masticadora como la de la dorada.

Las fauces del dentón, son, sin embargo, grandes y muy agresivas, merced al aspecto que les confieren sus afilados caninos (entre cuatro y seis piezas) con esa pinta tan amenazadora.

La librea, de colorido variable que oscila entre el azulado y el rosáceo, presenta a veces gruesas franjas más oscuras que se difuminan e incluso desaparecen cuando muere el pez.

Las escamas son fuertes, bien visibles, y en la línea lateral se cuentan entre 60 y 70. La silueta del pez es oblonga, afinada en el arranque de la aleta caudal, y la cabeza exhibe una notable prominencia frontal y un perfil convexo.

Su distribución resulta muy irregular y, aunque se le haya tenido por una especie tradicionalmente mediterránea, en muchos lugares de estas costas comienza a ser casi tan escaso como en el Cantábrico. En este último mar no es raro encontrarse con bálamos de individuos jóvenes, como los que hemos visto este verano en aguas del Golfo de Vizcaya, pero escasean mucho los grandes ejemplares.

En Canarias -una vez más las Islas Afortunadas- abundan los ejemplares de todos los tamaños y se capturan los dentones que encabezan las listas de los records.

Es una especie litoral, aunque en ocasiones pueda parecer de régimen pelágico, por su afición a las aguas libres, en las que se mueve con soltura, ya sea cerca del fondo o entre dos aguas.

Prefiere las profundidades que oscilan entre los 20 y los 50m., pero esto no quita para que pueda habitar en cotas muy superiores y, de noche o cuando las condiciones de la mar lo permiten, muy inferiores. Algunos aficionados al lance ligero, cuando perseguían a la lubina en pocos metros de agua en la más dura rompiente, han capturado dentones que se encontraban allí cazando entre la espuma.

También han caído algunos ejemplares en artes de profundidad que trabajaban por debajo de los 300m. en mar abierto, con lo que nos podemos hacer una idea de la amplitud de ecosistemas marinos en los que podremos encontrar al dentón.

Siempre que haya comida, allí estará. Nuestro feroz espárido ataca a todo lo que se mueve, aunque sean legión los aficionados que le atribuyen una querencia especial por los cefalópodos. Quizás esto no sea tan cierto como con el caso de la corvina -a la que le gustan las sepias y los calamares hasta en su tinta-, pero sí se puede afirmar que los cefalópodos constituyen uno de los mejores cebos que podemos ofrecerle.

En realidad, todo lo que nade y tenga un tamaño adecuado a su boca le gusta. Se tirará con igual entusiasmo a por un langostino o a un jurel, y esa ferocidad depredadora lo convierte automáticamente en un candidato de lujo para los señuelos artificiales.

Es un típico pez de palangre, como saben muy bien los profesionales mediterráneos. Se calan por la tarde y se halan después de amanecido. El cebo más empleado son los trozos de cefalópodos, ya sean calamares, sepias o pulpo.

También es muy perseguido con pez vivo, quizás la modalidad que mejores capturas depara. Sin embargo, dadas las costumbres del dentón, es aconsejable presentar al pececillo entre dos aguas o directamente a una braza del fondo, donde será atacado con mayor facilidad que a nivel superficial, donde trabajan la mayoría de los palangres de lubina con cebo vivo.

Los aparejos necesarios para capturar al dentón son siempre robustos, pensados para un pez que alcanza tallas considerables. A esto hay que añadirle la fortaleza de la que hacen gala todos los espáridos y la violenta defensa que desarrollan una vez prendidos del anzuelo.

Su bocaza de predador acepta grandes anzuelos, por lo que no habremos de reparar en la talla a la hora de empatar uno u otro. Los sedales conviene que no sean muy elásticos, para garantizar un sólido clavado aunque tengamos muchos metros de hilo fuera del carrete, lo cual es habitual por tratarse de un pez que suele vivir a cierta profundidad.

En nuestras costas encontramos dos especies emparentadas con las que a menudo es confundido. Salvo en las diferencias morfológicas que ahora reseñaremos, por lo demás, se comportan de modo muy semejante, y todo lo dicho -en cuanto a su pesca, hábitos y alimentación- es válido -con ligeros matices- para todos los componentes del género Dentex.

El primero de ellos es el llamado sama de pluma (Dentex gibbossus), que se distingue del Dentex dentex por poseer los dos primeros radios de la ateta dorsal muy cortos y los dos siguientes muy largos, desproporcionados, a los que debe su nombre vulgar. También se le reconoce por presentar una mancha característica al final de la aleta dorsal. Es prácticamente inexistente en el Cantábrico y su distribución es acaso más meridional que la del dentón, llegando hasta Angola.

La otra especie estrechamente emparentada es la que se conoce por cachucho (Dentex macrophtalmus), más ligada a los hábitos de pesca profesionales, que a los que desarrollan los aficionados. La razón no es otra que la de encontrarse generalmente a mayores profundidades que los otros componentes del género, lo que lo vuelve inaccesibles en muchas ocasiones.

Su color es rosado -lo que también es sintomático de espáridos de aguas profundas- y el tamaño de los ojos (al que hace referencia su nombre latino) señala a las claras que nos encontramos con un pez que suele situarse por debajo de la cota de los cien metros.

Alcanza menores dimensiones que los otros dos “Dentex” citados, siendo raros los ejemplares que superan los 70cm. y su área de distribución geográfica es similar.