DELTA DEL EBRO / Cataluña

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Nos hallamos con un lugar único, tanto por su riqueza medioambiental, como por las posibilidades que brinda para el ejercicio de la pesca en todas sus variedades.

El Ebro, uno de los grandes ríos de España, mide 928 km. Nace en Fontibre, cerca de Reinosa, en Cantabria, y desemboca en el Mediterráneo, a la altura de Amposta, marcando la división entre las comunidades Catalana y Valenciana. Navegable desde Tortosa, en el delta, se asienta un cabo pronunciado, cambiante -a tenor de la comparación de planos de hace cinco décadas y los más modernos- y fangoso, que por el norte forma el golfo de San Jorge y al sur, la bahía de la Rápita o puerto de los Alfaques.

Constituye un valioso enclave natural -cada vez más deteriorado- donde se congregan abundantes ánades, fochas, gaviotas, cormoranes, garzas, garcetas, etcétera.

Además, en sus 32.000 ha. -lo que le otorga el título de mayor delta de España- están presentes formaciones vegetales de chopos, fresnos o sauces, entre otros.

Los salinares, también frecuentes en la zona, y los tramos fangosos, conforman otros espacios típicos del delta. Una tupida red de canales, algunos navegables, otros meras acequias para irrigar los campos de arroz, recorren de norte a sur las estribaciones del cabo. En su extremo, la isla de Buda, parcialmente inundada, se adentra definitivamente en la mar.

Esta inmensa zona es bien conocida por los pescadores, tanto profesionales -que largan palangres y paños- como recreativos, que cacean desde embarcación con artificiales en busca de las mayores lubinas del Mediterráneo, y, por supuesto, de los magníficos palometones y otros carángidos que recalan en las inmediaciones.

Nos encontramos, pues, con uno de los humedales de referencia en nuestra península, pero también con un lugar privilegiado para la práctica de la pesca.