CARÁCTERÍSTICAS COSTA/Asturias

‹Lugares mar

La costa asturiana es la que más me ha impresionado de cuantas conforman el litoral peninsular. Sus calas vírgenes, lo escarpado de sus paredes rocosas con los montes adentrándose en la mar, esa geografía quebrada y bella, hacen del Principado un lugar que, sin duda, maravillará al visitante o al pescador que quiera probar suerte en sus aguas.

Pese a que toda la Cornisa Cantábrica guarde semejanza y constituya en sí misma un armonioso conjunto, Asturias es algo único. Para el amante de la mar y la montaña, éste es el mejor sitio adonde acudir.

El frente costero, conocido como la Marina, tiene una longitud de unos 485 km., que, medidos en línea recta, harían un total de 210. Está dividido en 20 concejos, que, a su vez, servirían para clasificar la costa en tres tramos: la marina oriental, central y occidental.

La característica dominante en toda la costa es un marcado escarpe, como consecuencia del pronunciado levantamiento del bloque costero, iniciado en los primeros tiempos cuaternarios. Eso propicia que la mar se separe drásticamente de la tierra, como cortada a cuchillo, por el acantilado terrestre, oponiendo más que relacionando ambos medios.

La acción combinada de la mar y de los ríos ha conseguido, tras una lucha enconada y milenaria, quebrar la continuidad de este bloque levantado en el litoral, con lo que ha facilitado la relación del hombre con la mar en determinados puntos costeros. Por tanto, únicamente en estas zonas de ruptura del acantilado el hombre puede acercarse al océano. Encontramos así resguardadas playas y fondeaderos naturales abiertos entre cantiles de roca inaccesibles, casi verticales, como los flancos del cabo Vidio, con acantilados puros de más de 80m.

La costa este del Principado comprende los concejos de Ribadedeva, Llanes, Ribadesella, Caravia, Colunga y Villaviciosa. Es en este tramo oriental donde se localizan unos espectaculares sifones –llamados “bufones”- que, a modo de géisers, lanzan chorros de agua a una altura considerable. Este fenómeno es consecuencia de la presión que ejerce el oleaje, que consigue introducirse por la fuerza en las grietas que conforman la pared rocosa de la costa, y hace brotar el agua de entre las peñas espectacularmente. Los más famosos de estos “bufones” son los de Urdigo y Santioste, o el bufón de Arenillas, muy cerca de la desembocadura del pequeño río truchero Purón.

Existen también importantes dunas, como las de Barayo o las de Rodiles, a la salida de la ría de Villaviciosa. Por último, debemos señalar algunos parajes que sirven de refugio a las aves acuáticas, como los inaccesibles riscos del Cabo de Peñas, donde anidan por millares gaviotas, cormoranes, golondrinas de mar, etcétera, o las aguas de la ría de Eo, que acogen a múltiples especies de anátidas y limícolas entre la espesa broza de sus márgenes.

Como escueto resumen podría decirse que, comenzando desde el este, la costa comienza siendo relativamente baja, hasta llegar a la entrada de Celorio, para dar lugar al magnífico estuario de Ribadesella. Más adelante, encontraremos la ría de Villaviciosa, que penetra largo trecho en tierra. A partir de Gijón, ya en la marina central, que comprende, además, los concejos de Carreño, Gozón, Avilés, Castrillón y Soto de Barco, con una longitud de 180 km., la costa permanece alta e inaccesible.

La tranquila ría de Avilés se encuentra ya a poca distancia de la desembocadura del Nalón, en San Esteban y Muros, el río más caudaloso de la Comunidad que nos sitúa ya en la marina occidental, con 185 km. La costa retoma su carácter abrupto, se repliega brevemente en el bellísimo puerto de Cudillero y deja paso al abrigo del puerto de Luarca. Más adelante hallaremos la población de Navia, y pronto nos adentraremos en el litoral gallego de las rías altas, tras el último concejo de la marina occidental: Castropol.