Caracola (Thais haemastoma)

‹Cebos mar

Esta caracola es una de las más comunes y resulta un habitante frecuente de todas nuestras costas. Gusta de los lugares con abundante comida y de profundidad moderada.

Es carnívora, predadora y carroñera, y llega a medir unos 10 cm. de altura. En ocasiones la encontraremos vacía, o bien ocupada por un cangrejo ermitaño. No hace falta recordar que, siempre que haya un cangrejo, éste será un invasor, pues el crustáceo no puede fabricar la concha que le protege.

En efecto, la concha es creada siempre por el molusco que conocemos como “caracola”, cuyo cuerpo carnoso puede ser utilizado también para encarnar nuestros anzuelos.

En España no es corriente emplearlo como cebo ni comerlo. No así en otros países, utilizado comúnmente para ambos fines. Recuerdo que, en la costa del sur de Méjico la caracola era un apreciado manjar, que competía en precio con la langosta.

La cocinaban en rodajas, sobre una plancha, y le ponían una salsita picante. Estaba deliciosa, pero no es así como debemos ofrecérsela a los peces, que la prefieren cruda y sin picante ¡ellos se lo pierden!

Debido a que puede alcanzar un tamaño considerable, en ocasiones será más prudente trocearla, en porciones proporcionales al tamaño de nuestros anzuelos. Sacarla de la concha no suele ser tarea fácil, y hay quien se ayuda de un martillo pilón.

Lo que sí debemos tener presente es que es un molusco que vive únicamente en el agua, por lo que si la mantenemos en seco mucho tiempo, morirá y se pudrirá rápidamente. El olor es nauseabundo y su mujer/marido, hijos/as, propondrán echarle de casa.

Para hacer acopio de estos moluscos, lo mejor es buscarlos en los puertos y dársenas, en cuyos fondos ricos en deshechos orgánicos proliferan.

También pueden acercarse al puerto cuando los arrastreros estén limpiando las artes y hacerse con unas cuantas.