Cangrejo verde (Carcinies maenas)

‹Cebos mar

Habita las zonas tildales frecuentemente escondido bajo las algas, bajo una roca o bajo la arena, enterrado a muy poca profundidad. También es muy común en los estuarios de todos nuestros ríos.

Es un cebo magnífico para la dorada y los grandes sargos cuando cebamos nuestros aparejos de surf casting y lanzamos en zonas de arena y fango. Para impedir que se entierre, algunos pescadores le arrancan las dos patas de atrás, aunque no estamos seguros de que esto funcione. Lo que sí es esencial es no presentarlo nunca en aparejos que trabajan a media agua. Es un animal de fondo y allí es donde debe estar y donde engañará al pez.

Puede crecer bastante, así que su tamaño se adecuará al de la captura que pretendamos, sobre todo si está duro, es decir, si no ha mudado recientemente.

El cangrejo verde o común no suele encontrarse fuera del agua -salvo algunos que quedan en seco con la bajamar debajo de una piedra con abundante humedad- y optan con frecuencia por enterrarse en la arena, aunque nunca profundamente ni en ningún sitio concreto, al revés que sus primos (Squilla mantis) conocidos por galeras.

Tampoco se encuentra en las paredes de roca, como hace otro de sus parientes, el zapatero o corredor, ya que no soporta quedar en seco durante muchos minutos. Por tanto, si pescamos en las zonas de acantilados o de grandes paredes rocosas que bate la mar, su uso no es demasiado adecuado, pues los peces que patrullan la zona no están acostumbrados a encontrarse cangrejos verdes en esos parajes, mucho menos a media agua, es decir, pescando con boya.

Como a casi todos los crustáceos, debemos encarnarlo procurando no herirlo. Para esto existen varias maneras de hacerlo. La más sencilla –y mi opción personal- pasa únicamente por amarrarlo con una gomita.

También podemos prender el anzuelo atravesando el punto en el que las patas anteriores se unen con el cuerpo del animal, pero esta forma no garantiza una sólida sujeción y corremos el riesgo de herirlo gravemente.

Otra manera, muy ingeniosa, consiste en secarle el caparazón y pegar allí el anzuelo valiéndose de unas gotitas de pegamento rápido y extra fuerte.

Para capturarlos, basta con pasearse por la zona litoral con un redeño e ir levantando piedras. Más efectivo aún resulta cebar un retel con un trozo de pescado y buscarlos en los estuarios o en el interior de los puertos.