Boga

‹Especies agua dulce

Nombre científico: Chondrostoma común

La boga de río es una especie de agua dulce de la familia de los Ciprínidos y que pertenecen al género Chondrostoma. Lo más característico de estas especies es que presentan la boca en posición ínfera, carente de barbillas y con el labio inferior provisto de una lámina córnea afilada en su borde anterior, adaptada para raspar las algas e invertebrados adheridas a las piedras del fondo.

Según las últimas revisiones, en la Península se acepta la existencia de seis especies que son endemismos ibéricos, ya que tres de ellas habitan exclusivamente en el centro y oeste peninsular, y otras tres están limitadas al cuadrante nor-oriental. Las tres primeras presentan en común una abertura bucal netamente ventral, recta y con una lámina córnea del labio inferior muy desarrollada. Se trata de la boga del Duero (Chondrostoma duriense), de las cuencas comprendidas entre el Eo y el Duero; la boga del Tajo (Chondrostoma polylepis), delas cuencas comprendidas entre el Vouga y el Sado, y la boga del Guadiana (Chondrostoma willkommii), de las cuencas comprendidas entre el Guadiana y el Guadalhorce.

Las otras tres especies, relacionadas con Chondrostoma toxostoma , que vive al norte de los Pirineos, poseen una abertura bocal subterminal de perfil arqueado, con una lámina córnea en el labio inferior patente, pero menos desarrollado que en las otras tres primeras especies. En este grupo se incluye la madrilla (Chondrostoma miegii), delas cuencas de la vertiente cantábrica comprendidas entre el Asón y el Urumea, y de las cuencas de la Cenia, Ebro y Llobregat en la vertiente mediterránea; la madrija (Chondrostoma turiense), de las cuencas del Turia y del Mijares, y la loina (Chondrostoma arrigonis), de la cuenca del Júcar.

Esta distribución original se encuentra actualmente alterada debido a dispersiones artificiales provocadas por la acción directa o indirecta del hombre. Así, es posible encontrar madrilla en el tramo alto del Tajo, mientras que aparecen bogas del Tajo en las cuencas del Júcar u del Segura. Estas translocaciones comienzan a provocar efectos negativos en las poblaciones autóctonas. En particular, la boga del Tajo tras su llegada a la cuenca del Júcar, se ha hibridado con la autóctona luina, e incluso la ha excluido y sustituido en amplias áreas.

Como bien es conocido por los pescadores, la puesta de las bogas tiene lugar en general entre marzo y junio, más tempranamente en las localidades del sur y más tardíamente en aguas septentrionales. Es característico, no obstante (sea cual sea la especie de la que se trate cada río), que sea el ciprínido que en el ciclo anual primero se reproduzca, antes que los cachos, barbos y otras especies. De esta forma, los alevines que nacen al cabo de pocos días de efectuada la puesta se hallan en el río cuando las temperaturas del agua son aún muy frías y muchos de sus posibles competidores o depredadores aún mantienen la baja actividad invernal.

Los científicos han publicado ya algunos estudios sobre el crecimiento de las bogas en los que se describe la talla a la que alcanzan la madurez las distintas especies. Este dato es muy importante, pues a nadie se le oculta que la pesca debería incidir exclusivamente en los ejemplares adultos, ya que la extracción de juveniles llevaría en pocos años al exterminio de las especies. Se ha podido determinar que las bogas viven hasta un máximo de diez años, según las especies, alcanzando el estado adulto a edades comprendidas entre dos y cuatro años. También se ha observado que si bien es norma general que los machos lleguen antes a la madurez, y con tallas menores que las hembras, existe una gran variabilidad entre las distintas especies e incluso entre las diferentes poblaciones de cada especie.

Así, por ejemplo, en el sur de España la boga del Guadiana puede alcanzar la madurez con 8 o 9 centímetros de longitud furcal; pero la boga del Tajo en el centro de España madura con tallas variables según las localidades entre 14 y 18 cms. Estos hechos ponen de manifiesto la imperiosa necesidad de conocer de manera precisa estas características biológicas en las distintas especies y poblaciones, a fin de legislar consecuentemente y de manera sostenible su pesca. Lamentablemente, en muchas regiones españolas se viene observando en los últimos años un dramático descenso de las poblaciones de bogas, cuando no su total desaparición. Este declive es indicativo de la grave alteración de los cursos fluviales, básicamente por causas tales como la contaminación, la fragmentación y regulación del río por diques y presas, la desecación de los cauces y consecuentemente la pérdida de lugares de freza, o la introducción arbitraria de peces exóticos depredadores.

Dos especies, la madrija y la loina, fueron catalogadas como “raras” en el Libro Rojo de los Vertebrados de España. Además, varias especies se encuentran catalogadas en distintos anexos de convenios internacionales sobre conservación de obligado cumplimiento en España como el Convenio de Berna o la Directiva de Hábitats.