Bígaro común (Littorina littorea)

‹Cebos mar

Este molusco gasterópodo, al que muchos conocemos como “caracolillo” es el más conocido de los caracoles marinos, aperitivo habitual en bastantes regiones españolas.

Es mucho más empleado como alimento humano que como cebo, pero esto no quita para que podamos encarnarlo en el anzuelo, sobre todo cuando perseguimos pequeños peces de roca en las escolleras.

No obstante, no es un cebo “de primera categoría”, comparable con las gusanas o lombrices de mar, ni con los ermitaños o las quisquillas; eso sí, debido a su profusión en todas nuestras costas pedregosas, puede sacarnos de un apuro cuando, por falta de cebo nos vemos impelidos a terminar nuestra jornada de pesca.

Habita las zonas tildales, a veces incluso en el límite superior del radio de acción de la marea, pero siempre en su área de influencia. Lo más habitual, sin embargo, es encontrarlo adherido a las rocas que quedan durante bastantes horas sumergidas. Suele encontrarse en resquicios de las peñas, en grietas y otras anfractuosidades que le sirven para protegerse del oleaje y las corrientes.

Su concha es dura, de color negruzco, y, si queremos emplearlo como cebo, debemos romperla con cuidado para no desmenuzar su frágil y carnoso cuerpo.

Para recolectar bígaros, basta con darse un paseo por las zonas intermareales y escudriñar las grietas de las grandes piedras o dar vuelta a las más pequeñas, en las que acostumbra a estar en su cara no visible.

Recoger caracolillos es entretenido y podemos pasar un buen rato con la excusa de hacernos con un puñado. Es una actividad ideal para llevarla a cabo en familia, pues a los niños les encanta, y con esta distracción observarán todos esos animalillos, como quisquillas, cangrejillos, blénidos y otros muchos que comparten el fascinante nicho tildal.