Anguila barbuda

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Nombre científico: Onos mustela

La anguila barbuda, en realidad, ni es anguila ni es barbuda. Lo de “anguila” le viene por su aspecto serpentiforme, aunque no lo es tanto como, por ejemplo, un congrio, al cual se asemeja en muchos aspectos.

Respecto a los de “barbuda”, podríamos decir otro tanto, ya que esos barbillones que penden bajo su boca guardan más relación con los que poseen muchos gádidos y otras familias de peces que buscan su sustento en el lecho marino.

De esta complexión particular se desprenden a bote pronto unas pocas conclusiones: primero, que este pez -semejante a un congrio en miniatura con barbillones- es asimismo bentónico, carnívoro y nocturno. Segundo: que, como mal nadador que es, caza al acecho y pasa casi todo el día -sobre todo las horas diurnas- en la profundidad de los agujeros rocosos de las escolleras litorales.

La anguila barbuda habita siempre zonas de escasa profundidad, a menudo en estratos intermareales, quedando prácticamente en seco durante la bajamar. Se alimenta de todo lo que encuentra en esta zona ya de por sí, tan rica en nutrientes. Como depredador oportunista que es, ataca a pequeños crustáceos, anélidos, pececillos, etc. Pero tampoco desdeñará la carroña procedente de los cadáveres de peces de mayor tamaño o de cefalópodos, que puedan vararse ocasionalmente en las escolleras que habita este pequeño predador.

Tiene una boca potente que le ayuda a engullir grandes porciones en relación con su tamaño, por lo que cualquier carnada, por muy voluminosa que resulte, puede ser objeto de su apetito.

Incluso cebos destinados a predadores de gran talla, como el congrio, son atacados por nuestra anguila si se ponen a tiro. A veces, esta voracidad de la barbuda da al traste con nuestra intención de conseguir otras capturas de mayor porte.

De todas formas, pese a su escaso tamaño, es relativamente apreciada, pues sus carnes son finas y sabrosas. No tiene mayor interés como especie deportiva ni comercial.