Anchoa

‹Cebos mar

Anchoa. Engraulis encrasicholus

La anchoa, boquerón o parrocha -que es todo uno y lo mismo- constituye un buen cebo de mar y es bastante utilizado por los pescadores de costa. Se puede emplear de tres maneras, a saber: vivo, fresco o en salazón. La anchoa viva se emplea para la costera del bonito y, en general, para pescar túnidos con artes tradicionales. Los profesionales, la noche antes de salir a por bonitos, meten los focos y capturan parrocha con artes de cerco a escasa distancia de la costa. Luego las mantienen vivas en los viveros de abordo, hasta la hora de cebar sus aparejos. Al tiempo que capturan parrocha, y, a veces, con esta excusa, apresan también en el cerco a muchas otras especies -sobre todo jibión o chipirón- que, por supuesto, no devuelven a la mar. La anchoa fresca o en salazón se emplea para encarnar tanto anzuelos pequeños destinados a la pesca a boya en bahías y puertos, como otros mayores para el lanzado a fondo. El problema que presenta siempre es su escasa consistencia, por lo que, si pretendemos realizar una pesca de lanzado, lo mejor es coserla o atarla con hilo de lycra. En cambio, es ideal para pescar panchos, chicharros y otros pequeños peces a boya. En ese caso, debemos utilizar sólo los lomos, y cortar con una navaja -nunca con los dedos- trocitos adecuados a la medida de nuestros anzuelos. La anchoa es un pez muy oloroso y oleaginoso, y, en cuanto toca el agua, podemos observar el rastro de la grasa que desprende. Lógicamente, esto enloquece a los peces y constituye, por tanto, un poderoso atractivo. En todo caso, la anchoa es un manjar en sí misma, así que, si se nos da mal la pesca, podemos conservar el cebo y comérnoslo nosotros. A veces, es lo más rentable.