Pesca de crustáceos con redeños y reteles

La técnica de la pesca con redeño o con retel es muy simple y recomendable para capturar crustáceos.
Llamamos redeño o quisquillero a una pequeña redecilla enmarcada en una aro y sujeta mediante un palo. Un retel sería lo mismo, salvo que, en este caso, no tendría palo, sino un cabo para largarlo y halarlo. Podemos intentar atrapar nuestras víctimas una vez vistas y al descubierto utilizando el redeño como si fuese un cucharón, o bien podemos utilizarlo como una escoba, pegándolo a los costados de las rocas con algas y “barriendo” dichas superficies, atrapando a los animalillos que allí se hallan protegidos e invisibles entre la floresta, y así, rastrearemos todas las zonas que, por su profundidad o condiciones, estimemos propicias para la pesca con este sencillo utensilio.

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Por último, podemos atar un trozo de pescado en el fondo de la redecilla o malla, que suele estar también lastrada con un plomo redondo y plano.
El cebo deberá ir bien atado –se puede incluso envolverlo con un pedazo de tela o de red- y sujeto, de forma que no se desprenda fácilmente, ni “baile” ni se mueva demasiado.
Esta operación la podemos repetir con tres o cuatro redeños, o con reteles, que es lo mismo pero, en vez de sostenerse con un palo o empuñadura, llevan una cuerda y quedan fijos en el fondo.

Una vez cebados con pescado y bien sujeta la carnada, se buscarán los mejores lugares para ponerlos sobre el fondo, con suavidad y procurando no dejar espacio para que nuestras futuras presas ataquen al cebo por debajo del redeño o del retel.
Los animalillos, atraídos por el olor, se aproximarán entonces a comerse la carnada y se “posarán” sobre ésta, tratando de llevársela –por eso conviene que esté bien atada e incluso envuelta-, y una vez dentro, con mucho cuidado y con un movimiento rápido y preciso, se sacará el arte del agua, intentando atraparlos en nuestra red.
Este sistema es idóneo para capturar quisquillas y camarón, pero también podemos pescar algún cangrejo, e incluso nécoras (son rapidísimas, buenas nadadoras y muy desconfiadas, con lo que su pesca mediante este sistema resulta apasionante) si aprovechamos las grandes bajamares y ponemos nuestros redeños bien cebados a la salida de las grietas y cuevas entre las rocas donde se esconden.

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En caso de que el lugar donde nos encontremos sea frecuentado por nécoras (todas las bahías de la Cornisa Cantábrica poseen gran cantidad), aguardaremos hasta la bajamar, especialmente si nos encontramos con una marea viva. Con nuestros redeños o reteles cebados, llegaremos hasta donde nos permita la marea, es decir, hasta las zonas que menos tiempo quedan en seco, y allí buscaremos pozos con rocas y abundante vegetación acuática para comenzar a pescar. En esos pozos, entre las oquedades que forman las rocas, introduciremos nuestros redeños de forma que podamos ver con claridad la red y la carnada, y nos apostaremos en un lugar discreto, cercano y desde el que podamos mantener continuo contacto visual, y allí permaneceremos muy quietos y agachados (las nécoras ven bastante bien y no es bueno que nos descubran).

Si la oquedad donde hemos puesto el redeño contiene alguna nécora, pronto saldrá atraída por el cebo y comenzará a acercarse al mismo. Como es un animal desconfiado y nota algo raro en todo aquello, se mostrará muy cautelosa y avanzará despacio y presta a huir al interior del agujero a la menor señal de alarma, pero su gran voracidad, si nos estamos quietos y no nos ve demasiado, le llevará a atrapar la carnada con sus pinzas y, tras ver que no puede desprenderla de la red a la que está atada, se abalanzará sobre ella y comenzará a comer con avidez.
Este y sólo este, es el momento en que nosotros, en un sigiloso y preciso movimiento, cogeremos el mango del redeño o el cabo del retel y lo sacaremos del agua antes de que la nécora pueda escapar, lo cual no es fácil, pues este animal tiene buenos reflejos y se ayuda de sus patas traseras de forma plana para nadar a gran velocidad.
En caso de que observemos que el crustáceo está comiendo la carnada por la parte de abajo del arte –lo cual es bastante habitual-, lo más prudente será coger otro de nuestros redeños en una mano y con la otra, coger el mango del aquél en el que está cebándose la nécora y aprisionarla con fuerza contra el fondo o contra la roca, sin darle oportunidad para que escape. Luego introduciremos el otro redeño por abajo, haciendo una especie de sándwich de redes donde quedará definitivamente presa y, así, podremos sacarla del agua y cobrarla.

Esto no es muy fácil y requiere cierta práctica, pero, aunque no consigamos muchas capturas, sobre todo al principio, sólo por lo emocionante y divertido que resulta, vale la pena intentarlo. Además tiene la ventaja de que, pescando de esta manera, en caso de que el animal consiga escapar, no se le causa ningún daño –salvo el susto, claro está-.
No es raro tampoco atraer algún pulpo, que intentará con la fuerza de sus tentáculos apoderarse de la carnada, y si no estamos atentos y por muy bien atada que se encuentre, a buen seguro lo conseguirá y se largará con su recompensa a devorarla al abrigo de su inexpugnable guarida.

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