Pesca a fondo en mar

Cuando nos enfrentamos a una jornada de pesca no valen las ideas preconcebidas. Primero debemos tener en cuenta el lugar al que vamos a ir. Pero tan importante como eso, es la hora a la que pescaremos, la estación del año o el cebo de que disponemos.

Una vez que sepamos esto, nos hallaremos en condiciones de seleccionar el aparejo que vamos a utilizar para un tipo de pesca en particular que, en este caso, hemos decidido que sea a fondo.
Decantarse por un tipo u otro es, no sólo cuestión de gustos sino, sobre todo, de experiencia y de conocimiento, pues su elección no puede ser nunca un acto caprichoso, sino consecuencia lógica de esta suma de variables con las que contamos.
Este conjunto de factores será el que nos marque la modalidad de pesca que vamos a practicar en cada caso. Por lo tanto, tan falso es afirmar que, por poner un ejemplo, el tipo de pesca más efectivo es a fondo y con caña de lanzado, como negarlo, pues su efectividad estará siempre en función de los peces sobre los que depredemos, el cebo con el que contamos, el tipo de fondo, corrientes y un sin fin de variables que el pescador debe sopesar antes de decidir valerse de un aparejo en concreto.
Abundando en esta cuestión, cabe señalar que muchos peces se alimentan tanto en el fondo, como a media agua, como en la superficie, o bien se desplazan desde el fondo a la superficie o viceversa, según la estación del año, el horario, la temperatura del agua u otros factores de tipo meteorológico o condiciones locales.
Algunos peces pueden ser activos en el fondo durante el día y en superficie o a media agua durante la noche, por ejemplo, con lo que la elección del aparejo y la técnica a utilizar tendrá que estar en consonancia con estos factores.
Lo que sí es cierto es que, por lo general, los peces comen con más confianza a fondo o media agua que en la superficie. Salvo excepciones, casi todos los peces costeros objeto de la pesca deportiva, pueden ser capturados con un cebo cerca del fondo. Estas excepciones las constituyen los peces de régimen pelágico, acostumbrados a moverse en grandes masas de agua y que no suelen buscar su alimento a ras del lecho marino.

 

La pesca “ a fondo”, o lanzado pesado, consiste en hacer llegar el aparejo hasta el fondo mediante la acción del plomo.
Es una forma muy simple, pues, para dicho aparejo, sólo se requiere un anzuelo y un plomo.
Es aconsejable para ciertos tipos de peces o en según qué condiciones, y se puede realizar de dos maneras.
1- Lanzando el aparejo y dejándolo reposar sobre el fondo hasta notar la picada.
2- Arrastrando el aparejo por el fondo lentamente, con objeto de atraer la atención del pez, al tiempo que dejamos un rastro de olor que pueda seguir el pez hasta dar con nuestro cebo.
Esta técnica es sencilla y entretenida, y puede reportarnos un buen número de capturas. Para efectuarla correctamente, deberemos mover el cebo muy despacio, dejándolo quieto algunos segundos y luego arrastrándolo de nuevo unos metros más. El único inconveniente que presenta es que el fondo deberá estar despejado de obstáculos y ser de arena o fango, a fin de no trabar el aparejo.
Los aparejos de fondo más empleados son de dos tipos: los que terminan en el anzuelo –es decir, los que el anzuelo iría debajo del plomo- y los que terminan en el plomo y llevan el anzuelo o los anzuelos por encima del plomo a una distancia variable que oscila entre los dos y cuatro palmos generalmente.
En caso de encontrarnos con un fondo de arena o fango sin accidentes naturales ni rocas ni vegetación, nos interesará que el cebo repose directamente sobre el fondo. Entonces elegiremos un aparejo que termine en el anzuelo, para asegurarnos que el cebo queda efectivamente a ras de suelo. Esto es aconsejable en este tipo de fondos desnudos pues los peces que allí encontramos buscarán el cebo directamente en el fango o la arena. Si, por el contrario, el fondo es rocoso, con algas y otros elementos que puedan cobijar a la pesca, dará mejores resultados un aparejo que termine en el plomo y que lleve suspendidos en la línea madre uno o varios anzuelos a diferente altura. De este modo, nos aseguraremos de que el cebo quedará suspendido a poca distancia del fondo, y, será más visible y apetecible entre las algas y rocas del fondo, buscando a esos peces que, aun viviendo a la altura del fondo, no “reptan” pegados a él, como pudieran ser los peces planos, salmonetes etc.

Entre los cebos más comunes, como es lógico, se hallarían todos esos animalillos de régimen bentónico: nos referimos a los anélidos (gusanos marinos), moluscos y algunos crustáceos, como cangrejillos, camarones o quisquillas.
Pero también son muy efectivos los trozos de pescado o de cefalópodo, sobre todo si pescamos de noche y con aparejos de cierta envergadura. Recuérdese que el lecho marino es adonde va a parar un montón de materia orgánica, como deshechos y cadáveres de animales acuáticos, cuyos restos buscan los peces para su alimentación.
Respecto a la caña, ésta no tiene que ser muy potente, sino que estará en consonancia con el carrete, con el plomo que vamos a lanzar, con el sedal y con las necesidades que tengamos de alcanzar una distancia determinada.
Es cierto que, en muchos casos, sobre todo en el Mediterráneo, la distancia a la que lancemos el aparejo puede ser decisiva. Pero en el Cantábrico no lo es, e incluso en el Mediterráneo, a veces es más determinante el conocimiento del lugar que la distancia en sí que alcancemos. Esto es así porque, el lecho marino es irregular e, incluso las playas que pudieran parecer más uniformes, esconden barras, canales, zonas de corriente, bajíos, etc. Por tanto, alguien puede estar lanzando más de un centenar de metros y poner su cebo encima de una barra de arena con sólo una braza de profundidad, y otro, desde el mismo punto, lanzando cincuenta discretos metros, hacer diana en el centro de un canal donde la profundidad y la abundancia de pesca es mucho mayor.

Bookmark the permalink.