La caña y el carrete de pesca.

Recuerdo una caña, que todavía guardo con cariño, que perteneció a mi abuelo. Era de bambú, con las anillas de acero sujetas a la caña mediante hilo y barniz. Este instrumento, que no debe tener más de cincuenta años, parece hoy, sin embargo, sacado de una excavación en Atapuerca.

 

 

 

 

La evolución de las cañas y los carretes.

Las modernas cañas, hechas con fibra de vidrio, de grafito, de carbono, de diversas resinas sintéticas, son mucho más elásticas y potentes. Las anillas suelen ser de porcelana refundida o de otros materiales especiales que disminuyen el rozamiento del sedal. Incluso éste -trenzado o monofilamento, de teflón, de siglón, etc. de diversos colores o transparente, más o menos elástico etc.-, no se parece en nada al hilo de nylon que usábamos hace diez años, y mucho menos a las crines de caballo u otros materiales como los bramantes de lino y la seda cruda, con los que se confeccionaban los sedales –de ahí su nombre- hace unas décadas y que requerían ser limpiados, engrasados y arreglados constantemente.
Sin embargo, lo que más ha revolucionado la pesca deportiva moderna puede haber sido el carrete, capaz de albergar muchos metros de sedal de repuesto y posibilitar el lanzamiento del aparejo a distancias insólitas hace no tanto tiempo, así como de recoger a gran velocidad y con la fuerza justa para traer al pez y no romper el sedal ni la caña.
Por lo tanto, en el mercado encontraremos una variedad casi enloquecedora de cañas y carretes, y no es cosa de escoger “a boleo” por el hecho de que nos guste su diseño o sus colores, sino que el aspirante a pescador deberá comprar una caña bastante polivalente, no demasiado cara y de lanzado (ligera), que nos permitirá adecuarnos a varias técnicas de las más usuales para capturar muchas especies de talla media.
El carrete debe ir en consonancia con la caña, ser ligero y admitir, al menos, cien metros del hilo que vayamos a utilizar en la bobina. No olvidemos que el sedal no debe ser muy grueso y que las modernas líneas aguantan mucho peso. Por ejemplo, un monofilamento teflón del 30 (esto significa un grosor de 0,30 mm) aguanta 8kgs., lo que a nuestro juicio ya está bien.

 

 

Por eso recomendamos que el pescador inexperto adquiera una caña –bien telescópica o por tramos- de entre dos y cuatro metros (cuanto más larga, más complicada es de manejar), que soporte lanzar un peso de entre 35 y 75 gr. (esto suele venir especificado en la caña), un carrete de lanzado que pese poco (actualmente existen carretes de grafito con rodamientos de acero a un precio muy razonable) y que admita por lo menos cien metros de sedal del 30 en la bobina. La acción dinámica de la caña puede ser rápida –lo que significa que es “de punta” o sólida, con la potencia suficiente para clavar fuerte al primer toque y aguantar al pez con cierta rigidez- o lenta, también llamada inglesa -más flexible y suave-, pero lo ideal para iniciarse es una caña de tipo medio, conocidas también por parabólicas, como la que hemos descrito anteriormente.

 

La situación ideal es que la caña se convierta en una especie de prolongación de su brazo, del cual saliese la línea rematada en un anzuelo con el que atrapáramos los peces.
En caso de que pesquemos con la caña en la mano -por ejemplo a boya- ésta ha de mantenerse formando un ángulo con el agua de unos 45º ó 60º, lo que nos permitirá darle un golpecito de muñeca y subirla hasta los 90º para clavar. Para ello, hay que cuidar que el sedal forme un seno o curvatura con la superficie que permita que, levantando la puntera de la caña hasta los 90º, el sedal se ponga lo suficientemente tenso como para que el pez sea clavado.
Aparte de estos preámbulos básicos, la técnica de pesca con caña puede llegar a ser realmente compleja, variando mucho de una forma de pesca a otra e incluso de una persona a otra (cada maestrillo tiene su librillo).

 

Además, a causa de la especialización que han adquirido algunas modalidades de pesca y los diversos equipos que se utilizan, será prácticamente imposible dar con el pescador que domine todas las modalidades, y lo más normal es que cada uno se especialice en las que más le gustan o practica. Sin embargo, hay dos cosas respecto al manejo de la caña que todo pescador llamado a serlo debe aprender y dominar en cierta medida, que son el lanzado y el clavado.
Tiempo habrá luego de profundizar, con la práctica y el ejercicio de este deporte, en estas técnicas y su adecuación a los diversos peces y equipos, pero, para empezar, nos remitiremos a las bases más generales y universales, que incluyen necesariamente el aprendizaje básico de dos disciplinas: el lanzado y el clavado de los peces.

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