Introducción a la pesca costera. Primera parte.

En este artículo, trataremos de aproximar al lector a la pesca marítima desde tierra. Para ello, repasaremos algunos conceptos básicos, pensando en todo aquel que, como usted, esté planeando gozar de unas tranquilas jornadas de pesca en ese lugar de la costa que tanto le gusta.

Quizás usted no haya nunca pescado antes, o bien, lo haya hecho únicamente en aguas continentales. Quizás esté considerando adquirir un equipo adecuado a sus pretensiones, o tratando de adivinar cuál será el mejor lugar para lanzar su caña. No se preocupe: a lo largo de las páginas que siguen, trataremos todos estos asuntos, con la esperanza de que su lectura le resulte provechosa. Vámonos de pesca.

La pesca en la mar

En principio, pescar en la mar se asemeja mucho a hacerlo en aguas continentales y lo que encontraremos bajo la superficie es prácticamente lo mismo: peces, crustáceos, moluscos… Sin embargo, no olvide que existen algunos elementos característicos del medio marino que hay que tener en cuenta, como son las mareas y el oleaje. Las olas son ondas superficiales que desplazan cierta cantidad de agua.

Cuando topan con un accidente que sobresale del lecho marino o cuando el fondo se eleva bruscamente, esa masa de agua tenderá a alzarse de modo proporcional y alcanzará una altura determinada, para luego volver a caer por efecto de la gravedad. Es lo que llamamos “romper” la ola.
Si pescamos en un sitio expuesto a la acción del oleaje, deberemos estar prevenidos para que no nos arrastre un golpe de mar. Las consecuencias serán muy desagradables, incluso trágicas. ¿Cómo sabremos hasta dónde pueden llegar las olas? Esto es difícil establecerlo con exactitud, pero existe un método bastante preciso y efectivo.

Si nos encontramos en el Mediterráneo -o en el Cantábrico u Atlántico con la marea bajando-, observaremos la mar durante al menos quince minutos desde un lugar elevado, que nos permita contemplar la formación y evolución de las olas. Entonces, descubriremos que, entre todas ellas, se dan tres –que van seguidas una de otra- de mayor envergadura que el resto y que marcan el límite por altura. Es lo que muchos marinos conocen como “las tres Marías” y los surferos como “la serie”. Esta serie de tres olas significativamente mayores que las demás, determinan el punto limítrofe hasta donde puede llegar el oleaje. Si ubicamos nuestro puesto de pesca un par de metros más allá, será muy difícil que una ola llegue a mojarnos y, mucho menos, nos arrastre. En caso de que la marea esté subiendo y nos encontremos en las costas del Atlántico o de la Cornisa Cantábrica, el asunto se torna más complicado, por lo que recomendamos al neófito se abstenga de pescar en las rompientes y busque la seguridad de otras zonas más tranquilas, como el interior de los puertos o las bahías calmas.

Estos sitios siempre albergan a gran cantidad de animales marinos, sirven de refugio a los alevines y de cazadero a los predadores, y, cualquiera que sea el estado de la mar o de la marea, pueden ser pescados.
Llamamos marea al movimiento cíclico en la altura de los mares, consecuencia de la influencia gravitatoria de la luna y el sol. Así, cuando ambos se sitúan en línea –cosa que ocurre con la luna llena y la luna nueva- se suman sus fuerzas de atracción sobre los océanos y entonces se produce el fenómeno que denominamos mareas vivas. Estas mareas son aquellas que suben mucho –conocidas también por mareas grandes- y que, consecuentemente, bajarán también mucho. Después, a medida que transcurren los días y la luna se vuelve creciente o decreciente y forma progresivamente un ángulo con el sol cada vez más recto -como si fuese un péndulo que nunca llegase a la situación de equilibrio-, la marea se tornará cada día más muerta o pequeña; esto es, con menor desnivel o diferencia entre la pleamar y la bajamar, hasta que, alcanzado un punto, comienza a ser un poco más viva cada día, a medida que nos acercamos otra vez a una luna nueva o a una luna llena, y vuelvan a quedar en línea los astros.
La marea sube y baja dos veces cada día, pero, como el día lunar es más largo que el solar, -aproximadamente unos 50 minutos más- la pleamar y la bajamar se producirán cada día un poco más tarde –esos 50 minutos de diferencia-.

En el Mediterráneo, por ser éste un mar pequeño y cerrado (casi un lago salado) la marea es poco pronunciada y podremos no tenerla en cuenta. Pero en las costas bañadas por mares abiertos, la comprensión de cómo operan las mareas resulta fundamental para la pesca desde tierra. Y no sólo por lo referente a la seguridad personal de cara al oleaje, sino porque muchas especies de peces litorales se alimentan en función de los movimientos de la marea. De este modo, será poco menos que inútil lanzar nuestros aparejos con la marea bajando –máxime cuando ésta es viva-, pues los peces se estarán también retirando. Muy al contrario, lo más conveniente será intentar “interceptarlos” cuando la marea sube y ellos se aproximan a tierra siguiendo el curso del agua que invade zonas que quedaron en seco.

Estos lugares, llamados “tildales” son los más provechosos, pues es aquí donde viven gran parte de los animalillos y algas que constituyen el alimento de las especies litorales. Serán, en buena lógica, los mejores sitios para proveerse de carnada o cebo: gusanos, mejillones, cangrejos, quisquillas y un largo etcétera.

El cebo

Acabamos de citar unos cuantos cebos que son casi universales para la pesca costera. En realidad, la práctica totalidad de estos pequeños seres que viven en las zonas intermareales constituyen una perfecta carnada. Hacerse con un puñado es sencillo. Basta con investigar estos charcos tildales con la marea baja, ayudados por una pequeña red o quisquillero. Cualquier pequeño crustáceo, cualquier molusco, cualquier anélido –gusano- que encontremos, se considerará apto para ser encarnado en el anzuelo.
Si nos resulta un engorro “coger cebo”, la otra opción consiste en comprarlo en una tienda de pesca o afín. Lo más común pasa por adquirir una cajita de gusanos marinos. Pero si no encontramos ese comercio especializado, unos mejillones, chirlas o similares serán igualmente efectivos. Como último recurso, siempre podemos echar mano de unas gambas congeladas, unas tiras de calamar o, incluso, unos berberechos en conserva “al natural”.

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