El cebado. Segunda parte.

Tipos de cebos naturales

Los cebos naturales pueden ser de dos tipos: simples o compuestos.

SIMPLES
El término simple no precisa mayor explicación. Estos cebos están compuestos de un único elemento (por ejemplo, pescado: si cebamos con trozos de pescado, el pescado es un cebo natural y simple).
No tiene mucho misterio. Estos cebos pueden estar vivos o muertos, vegetales o animales –nunca minerales- “Oiga, ¿por qué no me pican? Porque le han comido la carnada, póngale algo en el anzuelo que acero no comen” y por lo general, más animales que vegetales –sobre todo en la mar-, aunque muchas especies picarán estupendamente a los cebos de origen vegetal, máxime en agua dulce y con poca corriente.
Este es el caso de algunos ciprínidos, como la carpa, que picarán muy bien a cebos tales como la patata cocida, el maíz –también cocido, por supuesto- la fruta en sazón etc.

Por el contrario, especies depredadoras tales como los salmónidos, por ejemplo, una trucha, se decantarán siempre, en el caso de los cebos naturales (y debemos tener en cuenta que los artificiales siempre imitan a un animal vivo o recientemente muerto, como la mosca ahogada), por cebos simples de origen animal, especialmente vivos. Y aunque ya hemos narrado la anécdota de la cereza –que por serme contada por un amigo no tengo más remedio que creer- a usted le irá mucho mejor si encarna el anzuelo con un saltamontes vivo (sobre todo si el tramo fluvial discurre a través de un prado) o de una simple lombriz, mejor aun si en los días anteriores se han producido fuertes tormentas, que siempre arrastran tierra e innumerables invertebrados entre los que abundan las larvas y todo tipo de gusanos, con lo que al pez le resultará muy natural encontrarse una sabrosa lombriz culebreando en el agua, que es de lo que se trata.

De la misma forma, cuando pescamos en la costa, especialmente en las zonas batidas por la marea y que ésta deja descubiertas en bajamar, procuraremos siempre que la marea se halle subiendo y cebar nuestro anzuelo con los animalillos que previsiblemente el pez que tratamos de capturar esté acostumbrado a encontrar en dichas zonas, como quisquillas, pequeños cangrejos –especialmente si acaban de mudar y se hallan todavía blandos-, gusana de mar etc.

Es muy aconsejable entonces aprovechar el tiempo de máxima bajamar para internarnos entre las pozas de agua poco profunda que deja la marea, provistos de un redeño y una bolsa o zurrón de tela de saco.

Primeramente echaremos unos puñados de algas mojadas en la bolsa (a fin de que el cebo se conserve vivo durante horas) para, seguidamente, ir introduciendo allí los bichos que capturemos con el redeño y que nos servirán de carnada. Una vez la marea haya subido lo suficiente, procederemos a pescar en ese mismo lugar, ahora ya con la caña y un aparejo ligero, hasta la pleamar. Este sistema, a la par que sencillo, puede reportarnos buenas capturas de peces que aprovechan el ciclo de las mareas –seis horas de subida y otras seis de bajada- y que se alimentan de los pequeños animales que hemos recogido antes con la ayuda del redeño, con lo que, obrando de esta manera, no corremos riesgo alguno de equivocarnos con el cebo y pondremos en el anzuelo aquello que el pez se haya buscando y está acostumbrado a comer.

De esta forma podemos capturar sargos –espáridos en general-, lábridos, salmonetes de roca, lubinas etc., todos ellos peces sabrosos, combativos y muy deportivos.
También los moluscos, así como los mencionados pequeños crustáceos, constituyen cebos muy recomendables. Veíamos que podemos procurarnos muchos de ellos con un simple redeño, pero también cabe acercarse al mercado y comprar unos mejillones, chirlas o navajas –almejas no, que están muy caras-. Algunos pescadores compran cebos congelados –gambas etc.- aunque si tenemos acceso a los cebos frescos, sobre todo vivos, siempre serán más aconsejables.
Otro estupendo cebo es el cangrejo ermitaño, que se puede encontrar en las playas con la bajamar cuando es pequeño, o entre los desperdicios que tiran al agua los profesionales cuando llegan a puerto y limpian las redes de arrastre.
Si estamos atentos, podremos hacernos entonces con muchos de estos animales, que constituyen uno de los mejores cebos para todos los peces de roca. Para extraerlos del caparazón donde viven, se les puede golpear con un martillo, con una piedra etc. aunque se corre el riesgo de aplastarlos junto con la concha. Otro método es calentar la concha mediante un mechero, una plancha o una pequeña hoguera hasta conseguir que la abandonen. De esta forma saldrá el cangrejo, que arrastra un abdomen blando y jugoso, perfecto para excitar la voracidad de los peces.
En agua dulce actuaremos con los mismos patrones de conducta, y donde decíamos mejillones o chirlas, se entenderá moluscos de río o de lago, donde apuntábamos pequeños crustáceos, se traducirá por crustáceos lacustres e insectos ribereños, prestando atención a las ninfas de éstos, sobre todo las que se desarrollan en el agua. Tampoco desdeñaremos caracoles de tierra, cualquier tipo de gusano o larva, renacuajos, y, en general, pequeños animales que constituyen habitualmente el alimento de los peces.

COMPUESTOS
Los cebos compuestos son, en general, más usados en agua dulce que en la mar. Suelen ser cebos hechos a partir de pastas o engrudos donde se mezclan distintos materiales tales como la harina –de pescado, de trigo, de maíz- con aceites –vegetales y animales- y en ocasiones diversas especias y colorantes. Además se pueden incluir quesos, masillas animales, grasas etc.
Este tipo de cebo es muy utilizado para la pesca de ciprínidos y muchos pescadores tienen sus propias combinaciones. Es destacable su utilización para perseguir a especies de fondo tales como la carpa o la tenca, peces recelosos y de picada “lenta”, que se verán atraídos por las emanaciones de estos cebos, a los que, en forma de bolitas de diversa consistencia se los hará descansar sobre fondos con escasa o nula corriente o a media agua para otros ciprínidos con ayuda de un flotador.

En la mar, se utilizan sobre todo para la captura de mugílidos, así como salpas y no demasiadas especies más, y sobre todo con aparejos provistos de flotador, aunque haya quién utilice cebos compuestos, normalmente de escasa consistencia y a base de pescado, como macizo, es decir, para cebar las aguas y atraer diversas especies que luego tratarán de pescar con otros cebos.
Decíamos que muchos pescadores fabrican sus propios cebos compuestos y les añaden esencias y colores diversos para hacerlos más atractivos. De todas formas, es cada vez más común encontrarnos cebos compuestos y masillas ya preparados en los comercios especializados, que suelen dar buenos resultados usados de manera correcta y para las especies antes descritas.

Bookmark the permalink.

Deja un comentario