¿Pican o no pican?

Texto y fotos: Javier García-Egocheaga javier@granpesca.com

Cuando vamos de pesca pueden ocurrir tres cosas, a saber: que los peces no piquen, que piquen pero no los atrapemos y que piquen y los atrapemos, con gran contento del pescador.

Para cualquiera de los tres casos hemos aventurado una respuesta, con lo que a usted le bastará seguir leyendo para saber cómo conducirse en cada situación.

Veámoslo.

¿Qué hacer si los peces no pican?

Como primera medida, no desespere. En caso de que esté pescando con boya, súbala hasta que su cebo quede casi al nivel del fondo. Si está lanzando a fondo, pruebe a cambiar de carnada y a lanzar a otros sitios. Si pesca con artificiales, cambie de señuelo, comience a lanzarlo en otras direcciones, varíe sus movimientos y velocidad, etc.

Si nada de esto resultase, compruebe si hay pescadores en las inmediaciones; en caso afirmativo, acérquese a ellos y, haciéndose el distraído, pregunte qué tal les va, en plan indiferente; acto seguido trate de sonsacarles lo que han pescado, cómo y con qué, pero procurando que no se le note el interés.

En caso de que ellos estén capturando buenos peces, tome buena nota de cómo lo están haciendo y regrese a su puesto de pesca. Después cópieles con absoluto descaro.

Si todo esto falla, se le presentan a usted dos opciones:

1ª Desespere y vuélvase a su casa. Mañana será otro día.

2ª Permanezca en su puesto de pesca, pero ya sin esperanzas de ningún tipo. Dedíquese a contemplar el brillo del agua del pantano, río o la inmensidad de la mar océana. Relájese observando las aves marinas –como las gaviotas, alcatraces, araos etc.- o lacustres –como garzas y garcetas, diversas anátidas etc.-, incluso, si se encuentra usted en un límpido arrollo, quizás tenga ocasión de contemplar un simpático y colorido martín pescador o una nutria nadando con gracia y agilidad.

¿Qué hacer si los peces pican y no los atrapo?.

El caso es que parece que pican y no hace usted más que reemplazar su sabrosa carnada -quizás sus exquisitas gusanas, de esas de más de cuarenta duros la cajita o esas lombrices tan difíciles escurridizas-. Resulta que los peces se están dando un banquete a su costa y a usted le está saliendo la tarde más cara que una de toros en barrera de sombra y puro habano. ¡Vaya por Dios! ¿Y qué ha pescado? Nada.

No se preocupe. De momento deberá consolarse pensando en que su inteligencia o sus buenos duros en cebo están consiguiendo su objetivo que es, ni más ni menos, engañar a los arteros bichos que moran en las profundidades acuáticas. El problema aparece cuando comienza usted a sentirse engañado por ellos y no al revés, como debiera ser. En ese caso, concéntrese en las picadas y ponga a prueba sus reflejos. Dé suaves tironcitos cada vez que pican y trate de clavarlos, pero siempre con suavidad, con un golpecito de muñeca, así, plic, plic, plic, hasta notar sus desesperadas sacudidas que indican, sin lugar a error, que están presos.

Si nada de esto funcionase y usted ha intentado ya todo para clavarlos pero no hay manera, no se dé por vencido. Ha llegado el momento de que tome usted una determinación drástica; esto es, cambie el anzuelo por uno mucho menor. Con renovada confianza tras el cambio, piense, “a ver quién se ríe ahora”, y siga poniendo anzuelos cada vez menores hasta que consiga atrapar al liliputiense que se come su carnada.

Una vez haya ocurrido esto, tras haber cambiado de anzuelo una docena de veces, suelte al pobre animalillo para crezca y algún día, usted, o alguien como usted, pueda pescarlo en estado adulto. Quédese con el consuelo de que ha vencido usted, que no es poco.

¿Qué hacer si los peces pican y los atrapo?.

Esta es la situación ideal para el pescador que, afortunado él, ha conseguido engañar a los peces para que piquen y, además, los ha capturado. Sin embargo, en este momento, se plantea la disyuntiva: ¿Me llevo a casa la pesca o la devuelvo al agua?

Cualquiera de estas acciones es legítima, pero no se lo piense mucho pues si, finalmente decide liberar la pesca, corre el riesgo de que sus cavilaciones hayan acabado con ella –próximo estreno: ”La mente asesina del pescador dubitativo”- lo que sería una lástima y una contradicción.

Así que, decida lo que decida, decídalo pronto, a poder ser antes de comenzar a pescar, y así no tendrá que plantearse la disyuntiva con el pez coleteando desesperado y aspirando oxígeno en cantidades demasiado elevadas para su organismo, que acabarán matándolo.

Una vez capturado el pez, el pescador deportivo, por decirlo de alguna manera, ya ha cumplido. ¿Qué gana usted arrebatando a las aguas ese indefenso pececillo?

–Mucho, porque la mujer me lo pone en la sartén y se evita la compra de la semana.

En ese caso, llévelo a casa. Pero si la verdad es que, una vez en el fregadero, será aborrecido por su abnegada esposa -a quien le ha sido concedido unilateralmente el placer de limpiarlo-, y a sus hijos no les gusta ese pescado –que han sido agraciados también unilateralmente como destinatarios finales del pez- y también aborrecerán la novedad llena de espinas; si, en definitiva, nadie quiere que ese pez irrumpa con violencia en la tranquila rutina doméstica, es mucho más aconsejable que tenga usted la cámara de fotos preparada y, después de desanzuelarlo con cuidado, lo suelte mientras se saca la foto que valdrá más que mil palabras.

Además, lo de la foto, tiene la ventaja de que a todo el mundo le gusta –nadie tiene la obligación de limpiarla y comérsela- y queda fardona en el bar, en la oficina, incluso en las revistas de pescaque premian a los amnistiadores de peces y publican la foto con su nombre y apellido.

Y si, además, quiere usted ser reconocido y valorado a lo largo y ancho del ciber-espacio, mándenos la foto a email@granpesca.com y nosotros nos encargaremos de que así sea. Amén.