EL COLOR DE LOS SEÑUELOS

Texto: Javier Hernández Racionero

El señuelo que más pesca es el que está más tiempo en el agua, independientemente del color que tenga, aunque hay ciertas normas que nadie puede negar y que solucionarán más de una duda.

Por regla general, los colores que los fabricantes comercializan suelen tener una eficacia probada. El problema radica en el pescador que adquiere ese artificial, pues tal vez no lo emplee en las circunstancias para las cuales ha sido creado, o se rija para su elección por parámetros equivocados.

Cuando se comienza en una afición como es la pesca, el futuro pescador se ve desbordado por la oferta de material. Podría pensarse en que esto es negativo, pero constituye un gran logro. Hace no muchos años, los pescadores acudían a la tienda de pesca a comprar, como mucho, unos pocos modelos de “rapalas”, cucharillas -giratorias, con o sin mechón de lana, y ondulantes-, y alguna que otra lombriz de vinilo en los mejores establecimientos.

Hoy en día, un mismo modelo de señuelo, sea vinilo, cucharilla o pez artificial, se presenta en una variedad de colores y tamaños casi rozando el infinito.

¿Cuál es el problema? Muy sencillo, por regla general, hasta que no se tienen en la caja alrededor de una veintena de colores llamativos para el pescador, no se comienzan a comprar señuelos que realmente atraigan al pez, o que cubran las distintas necesidades o entornos donde el pescador novel lleva a cabo su hobbie incipiente.

Antes de entrar en una tienda especializada, se han dedicado horas meditando acerca de lo que se va a comprar. Pero la realidad es que, una vez dentro, antes de saludar a la persona que te va a atender, ves un señuelo que no recordabas, o que ni siquiera conocías, y te resulta increíblemente atractivo. Al final, tienes en la bolsa lo que no pensabas comprar, en distintos colores que te parecen atractivos o llamativos, pero, ¿has preguntado al pez en alguna ocasión? Para facilitar la elección, debemos seguir unas reglas básicas. Los colores se pueden dividir en tres tipos:

Naturales: Colores que imitan la realidad (peces pasto, cangrejos, lombrices, salamandras, etc.). E stos colores llaman la atención del pez, por la similitud que guardan con el ser vivo que se pretende imitar. Muy empleados en aguas cristalinas, para peces resabiados, o en capas de agua superficiales, donde la influencia de la luz es superior a la de las aguas más profundas y los artificiales se ven con mayor claridad.

Colores de fantasía: Por ejemplo, y de los más utilizados, el chartreuse -verde fluorescente- ybubble gum -rosa chicle-. Son gamas de colores completamente irreales. ¿Alguien ha visto un cangrejo rosa o un pez ver fluorescente? Seguro que no, y si alguna vez los veis, comentarlo con las autoridades competentes. En estos tonos, el pez decide atacar por la excitación que le produce, por desconocimiento de lo que tiene cerca de sí, o quizás, por algo más simple que cualquier otra razón: para defenderse de ese ser de extraño color. Son muy útiles en situaciones de baja visibilidad -aguas tomadas- y profundas, en las que el pez necesita cierta ayuda para localizar el artificial.

Colores mixtos: Son señuelos cuya composición de colores se debe a la mezcla de varios, que pueden ser naturales o de fantasía, creando una combinación de gran efectividad, como por ejemplo las lombrices pumpkin -es posiblemente el tono que más se asemeje al color de una gran lombriz de tierra, color calabaza-, con la cola en forma de hoz de color chartreuse , u otro tono fluorescente. Se utilizan en aguas algo tomadas, profundidades intermedias…

Existen diferentes teorías sobre la mayor efectividad de algunos colores sobre el resto. Lo que está más que probado es que, cuando se dan los primeros pasos en la pesca o cuando se desconoce por completo el lugar, los colores más efectivos en ese entorno, los más apropiados, son los naturales; en fin, los que imiten los colores de los seres que constituyan la dieta principal en ese determinado lugar. Bastará con observar la orilla y descubrir si hay cangrejos -emplearemos señuelos rojizos-, percasoles -colores naranjas y verdes-, bogas -blancos y negros-, etc.

Más tarde, una vez que se ha asegurado la jornada en cuanto a capturas se refiere, o se trata de un día de perros sin una sola picada, se comienzan a emplear colores de fantasía o mixtos, que tal vez ese día, o por el lugar de pesca en particular, funcionan de maravilla, y pasan, de ser un señuelo olvidado por ese feo color, a ser el señuelo preferido de toda la caja de pesca. Lo normal en muchas aguas continentales es que, de una temporada a otra, cambien los gustos de los peces, o “aprendan” los colores, por la gran presión que se realiza con el color más empleado en las temporadas anteriores.

Los peces basan en diferentes motivos su comportamiento, y uno de ellos es la claridad del agua, que afecta en mayor o menor medida a las diferentes especies. Por ejemplo, cuando se está pescando truchas en un pequeño río de alta montaña, si el día anterior, o simplemente horas antes, ha llovido, las aguas bajarán más turbias de lo que acostumbran a estar. Esto se debe a la cantidad de partículas en suspensión que arrastran. La trucha, al observar este fenómeno, está más activa, pues sabe que, con esta materia -sedimentos-, se arrastra también gran cantidad de comida, ya sean lombrices o cualquier otro insecto que habite en tierra.

En más ocasiones de las que nos gustaría, ciertos colores que un día han sido la estrella, a la salida siguiente no obtienen ni por casualidad los mismos resultados. ¿A qué se debe este fenómeno? Un motivo para que ocurran estas diferencias de capturas con tan poco tiempo de margen, puede ser la variación del volumen o de la nitidez del agua, que cambian de una salida de pesca a otra.

Otras especies, como los lucios, luciopercas o basses aprovechan la tonalidad más oscura del agua para obtener un mayor camuflaje a la hora de buscar presas. Esto no significa que con las aguas turbias sea más fácil pescar. Lo que está claro es que los peces cambian su actividad. En estos días es más frecuente errar la clavada, ya que, al atacar nuestro señuelo, pueden no hacerlo de una manera certera y tomar sólo parte del engaño. Esto dificulta enormemente la pesca

Si se emplean señuelos grandes, el pez podrá detectarlo mejor, pero hay que escoger bien para que, lo ataque por donde lo ataque, se clave. Otra solución para este problema, y es la que interesa en este capítulo, consiste en emplear el mismo tamaño pero cambiándolo de color. Por supuesto, uno que se distinga mejor en estas condiciones y sea más detectable para el pez. Colores como el chartreuse , blanco, o incluso mates oscuros, que definen muy bien la silueta a contraluz, serán ideales para esta situación. Por el contrario, si las aguas son cristalinas, se deberán emplear los colores más parecidos al alimento frecuente de la especie objeto de pesca en ese determinado lugar, ya que el pez, con su vista, no tiene ningún problema en localizar a su presa.

A la hora de elegir el color del señuelo, nos fijaremos también en cómo se encuentra el cielo y su nivel de claridad. Si está muy nublado o cubierto, la proporción de luz solar que entra en el agua es bastante menor que si estuviera despejado. Esto implica que la profundidad a la que llega la claridad es menor, pero éste no es motivo suficiente, en la mayoría de las ocasiones, como para que el pez se desplace a capas superiores. El señuelo en días nublados deberá tener colores de fantasía, mixtos o muy oscuros, ya que los detectará mejor el pez. Por el contrario, en días despejados, por la gran cantidad de luz que incide en el agua, los mejores señuelos serán los de color natural, en los que el depredador no notará diferencia con su alimento.

Este mismo sistema de elección es válido para escoger el señuelo que se empleará en las primeras y últimas horas del día, cuando hay menos claridad, y para las horas centrales del día, cuando hay un máximo de luz.

Si se pesca de noche (atención a la legislación vigente, que prohíbe la pesca una hora después del ocaso en muchas Comunidades), los colores que se utilizarán serán siempre oscuros. ¿Oscuros y de noche? Sí, la combinación perfecta. El motivo es que estos colores oscuros, marcan perfectamente su silueta en condiciones de poca luz y se hacen visibles para el pez.

La época del año afectará asimismo, aunque de una manera indirecta, al color que debemos emplear. Es indirecta porque, sobre lo que realmente influye es en la actividad del pez, que será mayor o menor respecto a la temperatura del agua, la cual variará en relación con la época del año. También se puede deber a otros factores, como la presión atmosférica, las diferentes eclosiones de insectos y una gran cantidad de agentes externos que hagan variar la actividad del pez.

Cuando éste tiene poca o nula actividad, son más efectivos para su pesca los cebos que tengan colores más naturales, ya que, en vez de irritarlo, lo que hacen es comunicarle que lo que pasa por delante de su apostadero es comestible. Después de esto, está claro que, cuando el pez esté muy activo, los colores de fantasía le excitarán más, obteniendo muchas posibilidades de ataque.