Chicharros o jureles con chicharrera

El chicharro o jurel es un pez gregario, de hábitos pelágicos, que recala periódicamente en nuestras costas. Si bien es cierto que los de mayor talla suelen encontrarse a unas millas mar adentro y son objeto, por tanto, de pesca con embarcación, los más jóvenes pasan mucho tiempo –sobre todo los meses de estío- al resguardo de las bahías y los muelles.

Este pez es realmente fácil de pescar. Su voracidad y el poco recelo que muestra frente a casi cualquier tipo de cebo, lo convierten en una captura segura.

Podemos pescarlo de muchas maneras, prácticamente todas las modalidades de pesca de mar, con la salvedad de lance pesado o a fondo. Esto es debido a que nos encontramos frente a una especie “nadadora” que se mueve en densos bancos a distinta profundidad, pero sólo ocasionalmente a ras de fondo.

Además, necesita aguas abiertas, como buen pelágico, y su constitución no admite quedarse quieto en una grieta o posado sobre el fondo. Es más bien un animal errático que busca a sus presas en la inmensidad del océano, donde transcurre gran parte de su vida.

Ya hemos indicado que se lo puede pescar de muchas maneras. Por ejemplo, es una presa muy común de aquellos que utilizan flotador entre dos aguas, y ceban con gusana, con trozos de pescado, etc.

Pero sus características de predador hacen que este pez pueda ser objeto de la pesca con artificiales, a cacea o curricán. Cualquier cosa que se mueva en el agua y que sea menor que su boca, será su objetivo. Como predador pelágico que es, no discrimina demasiado, y sólo el movimiento será suficiente para ocasionar su ataque.

Por eso, vamos a proponer en este artículo una técnica bien conocida para pescar chicharros con caña. Podemos emplearla desde tierra o embarcados, pero el aparejo y la forma de emplearlo no cambia.

Tripletes consecutivos como los de la foto, con esta especie no resulta muy complicado.

Este aparejo al que me refiero, llamado chicharrera y en algunos sitios panchera (aunque no acierto a comprender por qué) está muy difundido y es empleado por muchos aficionados.

Es tan simple como elaborar un aparejo con un número indeterminado de anzuelos empatados a cortas hijuelas que van, a su vez, a la línea madre, en cuyo extremo se coloca el plomo (generalmente de tipo pera o gota, de peso variable en función de la acción de la caña).

Después se lanza y recoge, caceando –curricán- a media agua.

Los anzuelos no van cebados –en ocasiones irán limpios, aunque en ese caso es mejor que sean plateados (tipo crystal o similares)- sino que llevan una pequeña pluma, un trozo de lana, papel de aluminio o cualquier cosa que simule una pequeña presa.

El chicharro o jurel se clava solo, por efecto de la tracción constante que debemos impartir al aparejo al traerlo recogiendo, con cuidado de no ejecutar movimientos violentos ni tirones bruscos, pues este pez tiene la boca muy frágil y es demasiado frecuente rompérsela y perderlo.

Es una pesca muy divertida si damos con el cardumen, lo que se produce sobre todo al anochecer durante el estío, cuando los ejemplares de talla mediana se acercan a la costa y recalan en las bahías abiertas. Una vez localizado el bálamo, podemos cobrar varios ejemplares en cada echada, con el aliciente añadido de que no debemos preocuparnos por el cebo, con lo que no perderemos tiempo encarnando, y convertiremos la pesca en un ejercicio frenético de capturas constantes y numerosas.