Pescando serranos. Una pesca sencilla y divertida

Por J.J. Ulrak. Fotografías y texto-ulrack@teleline.es-

Como el resto de la familia de los lábridos, el serrano o tordo (Labrus tordus) es un pez de escollera y mal nadador, en el sentido que no puede desenvolverse en aguas abiertas. El serrano no presenta mucha variación en la coloración de su librea, que suele ser verdosa o parda, algunas veces recordándonos frisos escoceses.

Estos peces, aunque muerdan con decisión, tienen la boca pequeña, los dientes finos y puntiagudos y son bastante territoriales, permaneciendo durante mucho tiempo en los mismos emplazamientos litorales. Viven y se alimentan en la escollera, entre las algas, a poca profundidad, y depreden sobre pequeños crustáceos y otros invertebrados. A veces cambian de sexo o se visten con libreas distintas según la estación del año o la freza.

Son presas muy comunes para el pescador deportivo, aunque no tienen un elevado valor gastronómico por sus carnes insípidas y sus muchas espinas. Es una de las familias de peces más bonitos y simpáticos, recordándonos a los peces tropicales que viven en los arrecifes de coral, con los cuales comparten muchas semejanzas, pues algunas especies de esta familia de los lábridos comunes en nuestras aguas tienen cercanos parientes tropicales, como es la julia o doncella con el famoso pez limpiador de los arrecifes coralinos. Son peces diurnos y su actividad se acrecienta durante los meses estivales. Sus dimensiones son siempre reducidas y se pescan con gusana de mar o crustáceos, pequeños anzuelos y siempre a fondo, de donde nunca se despegan.

La mejor época para pescarlos es durante los meses estivales, con el agua caliente y muchas horas de luz. Les encantan las aguas someras, luminosas, esos días en los que brilla el sol y la mar esta bella y trasparente.

Lo mejor es pescarlos a fondo, aunque también se pueden capturar a corcho, siempre que le demos el calado suficiente para que el aparejo trabaje cerca de una roca o de unas algas. Pero quizás lo más efectivo sea pescarlos al lanzado, con un aparejo rematado en el plomo y las hijuelas a una braza de éste.

Es decir, al revés que si intentamos pescar otros peces típicamente bentónicos, como pueda ser un salmonete o un pez plano, para capturar serranos y, en general, cualquier lábrido, es mucho mejor montar el plomo como terminal. De este modo el cebo se situará a unos centímetros del fondo, por lo que será más fácilmente detectado y atacado.

Los cebos, siempre de origen animal, pueden ser varios, pero lo más aconsejable son las gusanas (arenícola, fango, coreana, etc.) y los caracoles ermitaños. Su tamaño no debe sobrepasar el tamañ9o del anzuelo, pues la boca de estos peces está concebida para morder justo lo que quieren morder, es decir, nada que ver con los grandes predadores que abren de par en par la bocaza y se tragan todo lo de alrededor. No. Los lábridos poseen unos gruesos y sensibles labios y una boca afilada, justo para alcanzar con precisión ese pequeño bocado de la escollera que supone su alimento natural.

Por eso, si dejamos trozos de carnada que sobresalgan del anzuelo, lo normal es que tire de estas porciones para desprender todo el cebo, sin llegar a meterse el anzuelo en la boca.

En cuanto al anzuelo, lógicamente deberá ser fino, puntiagudo y de escasas dimensiones. Yo suelo utilizar anzuelos rectos y que rompen en caso de enganche, ya que estos peces no tienen bocas poderosas, pero sí bastante gruesas y propicias para que el anzuelo penetre sin demasiada dificultad.

Porque, aunque hasta ahora no lo hayamos mencionado, el principal inconveniente que presenta la pesca de este pez es que debemos buscarlo en fondos rocosos o mixtos, con lo que esto conlleva en cuanto a la pérdida de aparejos se refiere. Por eso es conveniente amarrar hijuelas finas para cada anzuelo, y el plomo, asimismo, en otra hijuela también de menor resistencia que la línea madre.

Es decir, previendo que vamos a enganchar, garantizar la pérdida de algún elemento, en vez de todo el aparejo. Lo demás es más sencillo. No se precisan largos lanzamientos, ni condiciones especiales, ni mucha técnica en cuanto a manejo del equipo.

Podremos encontrarlos a muy escasa profundidad en todas nuestras costas, su picada es decidida y se clavan bien. Es una pesca muy recomendable y sencilla, en especial recomendable para los más jóvenes e impacientes. Vamos, que la diversión está asegurada si nuestras aspiraciones no nos piden más que estos simpáticos y agradecidos peces.