La pesca del salmonete

Texto y fotos: Javier García-Egocheaga javier@granpesca.com

El salmonete es un pez precioso, de una librea fantástica en la que se combinan armoniosamente varios colores que van, desde el amarillo hasta el rosa, pasando por tonos violetas, morados, marfil, naranjas etc. Pese a su escaso tamaño, este pez será un digno rival en el extremo de la línea y constituirá una captura siempre grata al pescador deportivo, tanto por su desconfianza y su encarnizada lucha, como por su valor gastronómico que en nada tiene que envidiar a ningún otro pez.

El pez.

El color rojo del salmonete se consigue escamándolo, sobre todo recién pescado, antes de que muera. Recordaré siempre que la primera vez que pesque uno, me quedé unos segundos contemplándolo extasiado, antes de comenzar a escamarlo como ya había visto –no sin cierta envidia- hacerlo a otros pescadores. Para ello lo sujetaremos con la mano izquierda, mientras pasamos la uña del dedo pulgar de la mano derecha en dirección contraria a las escamas, es decir de cola a cabeza. Sus gruesas escamas se desprenden fácilmente y el pez toma el característico color rojo.

Es abundante en todas nuestras costas y está representado por dos especies, la de roca –o nuestro salmonete común y más típico- y la de fango, que se reconoce por su menor tamaño, su escaso colorido que tiende al gris, su peor sabor y mayor abundancia de espinas.

Pero volviendo a la pesca, la técnica que aquí les proponemos es sencilla y da excelentes resultados para capturar salmonetes de mediano tamaño en las zonas que éstos frecuentan.

Su pesca.

Antes que nada debemos determinar un lugar donde podamos asegurar su presencia, como es el interior de los puertos pesqueros, las bahías y, en general, donde encontremos lechos de fango –donde se juntan a veces representantes de las dos especies antes mencionadas- y arena.

No podemos olvidar que el salmonete es un pez de régimen bentónico, que siempre come en el fondo, y si lo vemos nadando a media agua tratar de que acuda a nuestro cebo sería perder el tiempo pues, en ese caso, es seguro que se está desplazando y no probará bocado. La forma de comer del salmonete consiste en hozar en el fondo marino con sus barbillones sensibles, con los que detectará pequeños organismos que le sirven de alimento. Para ello realizará una constante peregrinación por el lecho de su territorio buscando comida, y es frecuente, si buceamos o el agua es lo suficientemente clara, descubrir el rastro del salmonete por los surcos negruzcos que va dejando en la arena tras de sí, en esta peculiar andadura.

Sin embargo, este pez se entrega tanto a su labor rastrilladora que, a menudo, no detectará el cebo hasta que no se tope literalmente con él, y para entonces, cabe la posibilidad de que otros peces más prestos y avizores se hayan encargado ya de comérselo, con gran disgusto por nuestra parte.

Resulta habitual el hecho de que uno o varios salmonetes vayan acompañados de pequeños sargos, que dan buena cuenta de los microorganismos que deja al descubierto, mientras el paciente salmonete cava con su hocico. Estos pequeños sargos se lanzarán sobre nuestro sabroso cebo mucho antes de que el salmonete se percate de su presencia. Por tanto, recomendamos que el cebo sea abundante y ya, dicho esto, veremos cómo pescarlo.

Una vez seleccionado el lugar de pesca -dijimos que el interior de los puertos con lecho fangoso puede ser idóneo- montamos un aparejo de fondo con un plomo de oliva, terminado en un quitavueltas del que pende una pata de sedal más delgado (0.18 por ejemplo) de unos treinta cm. y rematado en un pequeño anzuelo (mi preferencia es de tipo recto y fino, muy afilado y de carbono). Lo cebaremos con alguna clase de anélido -cualquier gusana marina es apropiada para esta pesca, aunque recomiendo el gusano rojo o de coco- y lo lanzamos siempre al mismo punto, para luego ir recogiendo muy lentamente con frecuentes paradas a fin de que le dé tiempo a picar (recuérdese que el salmonete no es lo que se dice un gran predador).

Las razones para lanzar siempre al mismo punto y recoger siguiendo el mismo camino son varias. Por una parte, es muy común que el fondo esté colonizado por otros peces poco interesantes desde el punto de vista deportivo, como son los gobios de arena y diversos blénidos, que son, sin embargo, muy territoriales, por lo que es mejor pescarlos cuanto antes y “quitarlos de en medio” devolviéndolos al agua vivos, por supuesto, pues generalmente (¡conozco excepciones!!!) no volverán a picar.

Por otro lado, los fondos de los puertos y las bahías suelen ser verdaderas selvas de cabos abandonados, estachas podridas, trozos de redes, desperdicios, plásticos etc. con lo que el peligro de enganchar el aparejo se incrementa mucho si lanzamos cada vez a un punto distinto, para luego ir recogiendo con el aparejo reptando sobre el fondo. Por último, siguiendo siempre la misma trayectoria, y habiendo elegido un camino limpio de todo lo anteriormente citado, crearemos un rastro olfativo fácil de seguir para el salmonete.

No debemos olvidar tampoco, que éste se encuentra en continuo movimiento mientras busca comida, pues su estrategia no se basa en la espera, -como podría ser el caso de un salvario, un pez plano o cualquier otro personaje bentónico que caza camuflado o enterrado en el fondo- sino, muy al contrario, en la búsqueda activa mediante el desplazamiento por el lecho marino.

La gusana con la que cebamos el anzuelo debe estar entera. Ya dijimos que es aconsejable ofrecer un buen bocado, ya que puede ser atacado al mismo tiempo por pequeños sargos que siguen a los salmonetes y, además, porque nuestro pez es menos oportunista y rápido que ellos.

Cuando clavemos hay que hacerlo con decisión, pero no de forma brusca, pues se corre el riesgo de romperle la boca, que es bastante delicada.

Mi forma favorita de ejecutar esta técnica es pescando a mano, es decir, con un aparejo simple o chambel, sentado en un amarre del puerto. ¿La escasa profundidad? No es un problema, máxime si el agua está oscura, y, respecto al macizo, el mejor que conozco es haber excavado previamente, para capturar la gusana del cebo con la bajamar, en la zona en la que nos disponemos a pescar en pleamar.

Sólo resta decir que, pescando de esta forma, podemos capturar, además de salmonetes, peces planos, sargos, anguilas y, en general, casi todos los peces bentónicos de escaso y mediano tamaño.