Introducción al surf casting

Texto y fotos: Javier García-Egocheaga javier@granpesca.com

El surf casting es quizás la técnica más empleada por los aficionados a la pesca de mar desde tierra, sobre todo porque España cuenta con muchos km. de playa donde podemos practicarlo.

Aunque para los más puristas el surf casting es la pesca al lanzado pesado en la rompiente, para la gran mayoría surf casting significa simplemente la pesca a fondo desde la orilla de la playa, al margen de que haya oleaje o no.

Sin embargo, nuestro país presenta dos tipos de playas muy diferentes que serían, básicamente, las atlánticas/cantábricas y las mediterráneas.

Por eso, lo primero que debemos hacer es diferenciar bien ambos espacios y entender el funcionamiento de cada uno de ellos.

En el caso del Atlántico o del Cantábrico, la mayoría de las playas se transforman en grandes planicies de arena durante la bajamar, especialmente aquéllas que tienen poca pendiente.

Por tanto, si lo que pretendemos es pescar en una playa cantábrica o atlántica, deberemos ser conscientes de este fenómeno y prepararnos para actuar sobre un territorio que queda al descubierto y después “se llena” de agua.

Las playas que sufren grandes oscilaciones de tamaño a causa de la marea, suelen tener además grandes corrientes por el desplazamiento de las masas de agua, y constituyen un paraje apropiado para varios tipos de pesca, puesto que muchos peces se adentran tan pronto como la profundidad de agua se lo permite en ese desierto que forma la playa en marea baja.

Con la bajamar, la playa ofrece un aspecto monótono, el de una gigantesca superficie de arena, sin vegetación, y surcada sólo ocasionalmente por algún regatillo de agua, que en los puntos más bajos puede formar “piscinas” de poca profundidad y aguas transparentes.

En este aparente desierto, hay, sin embargo, una gran biodiversidad. Aparte de aves limícolas, que esperan la bajada de la marea para recorrer la planicie recién liberada por la mar, encontramos un montón de animales que se refugian bajo la arena (navajas, berberechos, almejas, cangrejos de arena o comunes, diversos tipos de anélidos, etc.) y que constituyen el alimento de los peces que están esperando que suba la marea, es decir, que recorren el camino inverso al de las aves.

Se deduce que si pretendemos pescar a caña, tendremos que esperar a que la marea comience a subir, para interceptar a los peces que van llegando. Entre los más comunes se encuentran la omnipresente lubina, el salmonete de roca, los peces planos -como rodaballos, lenguados y platijas-, algunos espáridos -como el sargo rey, la dorada y la herrera-, o arañas (también llamadas salvarios) y otras especies menos apetecidas.

Por eso recomendamos lanzar los aparejos (siempre que tengamos el agua suficiente, que, si está turbia o blanca por la espuma puede ser bastante incluso con menos de un metro de profundidad) a las zonas que están siendo conquistadas por la marea, y desplazarnos acorde va subiendo ésta, con lo que tendremos ocasión de recorrer un gran trecho y pescar muchas de las distintas especies que siguen inexorablemente ese camino.

Por último, cuando la marea comienza a descender, los peces emprenden la retirada poco a poco, con lo que, llegado ese momento, debemos pensar en abandonar también, o cambiar de escenario de pesca.

La playa mediterránea, aunque a simple vista parezca similar, es muy distinta, sobre todo a causa de que la marea es casi inexistente y en vez de tener un desnivel de varios metros como en la costa atlántica, suele rondar en torno a los 30 ó 40 cm.

Además, el oleaje propio del Atlántico se reduce sustancialmente en este mar cerrado, y el agua es más cristalina y salada, y sujeta a cambios de temperatura más considerables. Aun así, las especies que encontraremos son casi siempre comunes o registran pequeñas variaciones con respecto a las del Atlántico (recordemos que el Mediterráneo es un mar relativamente joven y subsidiario del Atlántico, que llenó su cuenca vacía hace unos seis millones de años, cuando se abrió el Estrecho de Gibraltar) y por tanto, la flora y la fauna son, en general, comunes a todas nuestras costas peninsulares.

Esto no quita para que el Mediterráneo registre algunos endemismos -como el ermitaño gigante-, así como algunas –pocas- especies tropicales procedentes del mar Rojo.

Pero en lo que sí difiere, -pese a haber señalado la uniformidad general que existe en cuanto a flora y fauna- es en los métodos de pesca, pues aunque nos enfrentemos a las mismas o muy parecidas especies, por darse condiciones distintas, debemos adaptar nuestras técnicas y nuestra estrategia de pesca a las mismas.

En el Mediterráneo no es posible esperar a los peces que aprovechan la marea para recorrer la playa recién inundada. La playa suele ser un espacio inmutable, en cuanto a tamaño se refiere, y la ausencia de grandes olas y de aguas turbias, hacen que, para engañar a los peces, lo más provechoso sea aguardar a las horas de escasa luz, y lanzar muy lejos buscando toda la profundidad posible.

De hecho, muchos pescadores “de costa”, que pescan abundantemente en el Cantábrico, no serían capaces de pescar nada en el Mediterráneo si no abandonan la tierra firme y se introducen unos cientos de metros mar adentro en embarcación.

Esta búsqueda de profundidad se convierte en casi una obsesión para algunos pescadores ribereños mediterráneos, que elegirán (con buen criterio) las playas de más pronunciada pendiente para practicar el surf casting, donde puedan asegurarse también unos metros de fondo cuando lancen el aparejo.