Señuelos artificiales. Segunda parte

Texto y fotos: Javier García-Egocheaga javier@granpesca.com

 Sobre los señuelos se ha escrito mucho, pero nunca es suficiente.

La industria de la pesca deportiva, se encarga de ofrecernos todos los modelos imaginables que puedan engañar al pez. A medida que crece este mercado, se incrementa también la investigación y la sabiduría de las casas comerciales, y llenan los comercios especializados de todo tipo de fauna artificial, que, en ocasiones, nos tentará más a nosotros mismos que al propio pez.

Sin embargo, lejos de negar la eficacia de estos señuelos, -que es evidente y, de hecho, me confieso ser el primer entusiasta y amigo de probar todas las novedades posibles- sí debemos advertir al neófito que no todos ellos conseguirán pescar en todas las condiciones, o, mejor dicho, que todos ellos pescarán, pero sólo cuando se den las condiciones propicias, a veces, muy difícilmente pronosticables.

Los señuelos actuales cubren todos los gustos y tenemos, desde los que funcionan muy bien recogiendo a muy poca velocidad, hasta otros en los que es necesario cobrarlos tan rápido como los antiguos voladores de plomo y pelo de chivo.

Además, podemos elegir entre los que nadan a varios metros de la superficie o los que saltan a flor de agua; los que tienen un elevado peso para ser lanzados a larga distancia, los que imitan a la perfección al cebo natural o los que se inspiran en monstruos “tecno” del ciberespacio, los de colores neutros o los de colorido chillón, sin olvidar los que nadan silenciosamente o los que poseen artificios que producen sonidos varios etc.

En definitiva: hay mucho donde elegir y pronto nos encargaremos de describir los tipos principales, aunque seguro que alguno se nos queda en el tintero –pido perdón de antemano, pero háganse cargo, uno no puede dar abasto; seguro que el aficionado que conozca mínimamente el tema lo comprende-.

El principal problema que originan es, precisamente, la elección del más adecuado para cada circunstancia, lo cual es casi imposible de explicar en un libro, dado que cada tramo de la costa, cada día del año, cada hora, determinan unas circunstancias particulares que, a su vez, deben decidir la elección del señuelo en cada ocasión.

Para elegir correctamente, al margen de posteriores consideraciones, lo primero que se habrá de tener en cuenta es adónde queremos lanzarlo y si nuestro material (caña, carrete y sedal) permite dicho lanzamiento. En otras palabras, debemos saber si el peso del señuelo es suficiente para poder lanzarlo con nuestro equipo y después, si nadará correctamente en las aguas donde lo lancemos.

Muchos pescadores compran un pez artificial porque les parece bonito, original o que se asemeja a un pez verdadero. Así, pueden adquirir un bello pez fabricado en madera de balsa y tratar de lanzarlo con una caña y un sedal que no es la apropiada para poner lejos un señuelo tan poco pesado, o en unas aguas donde no se desenvuelve correctamente para provocar el ataque de los depredadores que allí se encuentren. Por ello, antes de adquirir los señuelos, conviene recordar de qué equipo disponemos y dónde pretendemos pescar, y consultar los pesos de los peces artificiales que suelen venir indicados.

Después, calcularemos los mejores colores, los diseños que nos parezcan más apropiados etc., aunque debo confesar que el acierto con un señuelo artificial suele ser, al final, bastante imprevisible en muchas ocasiones y en el éxito de la elección existe un marcado protagonismo de la fortuna.

Lo más sensato es tener una colección abundante de señuelos, e ir intercambiando nuestros artificiales. Esto es sencillo poniendo un quitavueltas en el extremo de la línea, o bien dando un nudo tipo gaza, que nos permita cambiar el señuelo sin tener que estar cortando el sedal, y dando nudos y más nudos cada vez que probemos uno nuevo, aunque esta solución prescindiendo del quitavueltas, hará que coja torsión el sedal.

Un señuelo de hélices, un cranckbait de aguas medias y un cangrejo que simula la realidad. Diferentes señuelos para diferentes capas de agua. Como norma general, podemos indicar que en las playas, entre el oleaje, funcionan muy bien algunos vinilos largos de tipo anguiliforme y color whisky, sobre todo para la lubina, que siente una especial predilección por la anguila.

También son muy eficaces en estas circunstancias las cucharillas ondulantes metálicas o los señuelos con hélice que “alborotan” mucho y crean un efecto casi hipnótico para los peces que depredan entre las espumas.

Puede ser conveniente a veces traer el señuelo bastante rápido, casi a nivel superficial, y haciendo que salte sobre la superficie de vez en cuando como si de un pececillo asustado se tratase. Sin embargo en otras ocasiones, lo mejor es cobrar lento, dejando que se hunda o flote y con pequeñas paradas, como si nuestro señuelo fuese un pez perdido indeciso, que no sabe muy bien qué hacer ni adónde ir sin la compañía de su banco de parientes.

Esto ocurre en la naturaleza, y si observamos a un pez perdido, de los que acostumbran a moverse en compactos cardúmenes, nos daremos cuenta de que reacciona de un modo semejante. Dado que los predadores prestan mucha atención a estas señales, puede ser una buena forma de engañarlo.

Con aguas oscuras, a la salida de la ría o después de las tormentas que tiñen la costa con el flujo oscuro del agua dulce proveniente de los ríos turbios, podemos emplear peces artificiales en colores amarillos, verdosos, naranjas etc. cobrándolos también a poca velocidad y a cierta profundidad, con parones y arrancadas, introduciendo cambios de velocidad aleatorios.

En cualquier caso, lo de la velocidad o de qué forma debemos conducir nuestros señuelos en el agua, no está del todo claro y depende, además, de muchos factores.

Diferentes tipos de artificiales de vinilo en un color muy efectivo en condiciones de baja visibilidad: hot orange o naranja “fuerte” Lo mejor podrá ser alternar distintos señuelos, y cobrarlos a la velocidad que proporcione el movimiento óptimo para el que lo ha diseñado el fabricante. La pregunta se origina a renglón seguido. ¿Cómo podemos saber cuál es esa velocidad óptima?

Sólo podemos ofrecer un consejo que sería una regla casi general para muchos señuelos artificiales –que no todos- y es que cuando la puntera de la caña registre vibraciones regulares y similares, el pez artificial o nuestro artilugio está nadando a la velocidad convenida por el fabricante. Si, en cambio, se producen vibraciones irregulares, o movimientos violentos en la puntera de la caña, podemos pensar que lo estamos trayendo a una velocidad que no es la más adecuada –generalmente demasiado rápido- o bien, que se ha enredado.

En líneas generales, la velocidad ideal suele rondar entre los 2 y los 5 nudos, aunque, claro está, dependiendo del señuelo, del tipo de aparejo, de las condiciones de la mar o del tiempo etc.

Demasiados factores para esbozar una teoría que sustituya a las necesarias horas de práctica.

De noche, también podremos hacer que nuestros señuelos trabajen a poca velocidad y para esto, son ideales una vez más los peces artificiales, algunos de los cuales nadan muy bien aunque los cobremos lentamente.

Una modalidad apasionante consiste en introducirse en el agua de las playas, entre el oleaje, con unos pantalones de vadear, y lanzar en todas direcciones buscando la lubina que caza a veces en la misma orilla. Esto puede ser eficaz en casi todas las playas y prácticamente durante todos los meses del año. Lo único que debemos cuidar es que la playa no sea utilizada por bañistas, ni saqueada por redes y otras artes profesionales que, por desgracia, asolan buena parte de los lugares del litoral a pocos metros de la orilla.

Cada vez que compremos un señuelo artificial, lo más aconsejable es ver cómo “nada”. Esto se consigue lanzando en un lugar de agua transparente y con cierta altura, para comprobar sus evoluciones, trayéndolo más rápido, más despacio, dejando que se hunda o que flote, es decir, probándolo.

Esto, que parece una obviedad, suele ser olvidado por la mayoría de los pescadores, y, aparte de la elección del color, el tamaño etc., lo que es imprescindible es saber cómo trabaja, cómo se maneja en el agua.

De hecho, antes indicábamos que en la elección del tipo de señuelo más adecuado, la suerte es un factor casi siempre decisivo e, incluso el más experimentado pescador se lleva sorpresas, al comprobar que un señuelo con una pinta magnífica no pesca, o aquél que ha pescado tantos días seguidos en el mismo puesto no pesca hoy –sin razón aparente-, pero que ese otro tan “feo” y que nunca dio resultado, se lleva esta vez los peces de calle.

Sin embargo, en lo que no existen dudas es en que cada señuelo nada de una forma determinada, y algunos deberán ser traídos a mucha velocidad, otros muy despacio, otros de forma regular y otros con violentos tirones. Esto sí que lo podemos comprobar antes de comenzar a pescar, y por eso recomendamos encarecidamente que, cada pez artificial, cada señuelo que adquiramos, sea debidamente probado, y nos familiaricemos con su manejo y sus características antes de emplearlo.