Los espáridos. Pimera parte

Texto y fotos: Javier García-Egocheaga- javier@granpesca.com-

Vamos a desvelar algunas de las características generales de la familia Esparidae, lo que nos ayudará a conocerla mejor… Y a pescar a sus integrantes.

Algunos espáridos son todavía relativamente frecuentes en nuestras costas, sobre todo los que alcanzan proporciones más modestas y han sido menos acosados. Entre estos cabe citar a bogas, chopas, obladas, salpas y todas las clases de sarqo, con la excepción del real o breado, que parece ser el más vulnerable.

Pero para conocerlos mejor e ir entrando en materia, diremos que todos ellos pertenecen a esta familia de peces típicamente marinos, -ampliamente representada por todo el mundo en aguas cálidas y templadas- aunque algunos de sus integrantes gusten de remontar las rías e incluso se introduzcan en lagunas costeras, siempre que se mantengan ciertos niveles de salinidad. Es decir: pueden vivir ocasionalmente en aguas salobres, pero nunca dulces. Es el caso del sargo común y la dorada, quizás los que ostentan una mayor capacidad eurihalina.

De hecho, todas las rías y sus proximidades constituyen pesquiles fecundos para la captura de grandes sargos y doradas, entre otros muchos peces marinos que admiten cambios de salinidad (platijas, lubinas, mugílidos, etcétera) y se benefician de los muchos nutrientes que suelen encontrar en estas aguas salobres.

Además, dadas las características errabundas de casi toda la familia, aprovechan los desplazamientos de la marea -que incide en la profundidad y las corrientes de la ría- para acompasarse a su ritmo. Así, tan pronto como la marea ascendente inunde las zonas tildales o se introduzca en los cursos fluviales, los espáridos harán acto de presencia.

Por tanto, podemos acecharlos en estas zonas cuando la marea comienza a subir –a entrar-, a sabiendas de que remontarán los tramos fluviales ocupados por el agua marina y de que harán el camino buscando comida, inspeccionando cada palmo del fondo donde deberá esperarles nuestro aparejo.

Son, asimismo, peces propios de biotopos litorales que raramente abandonan la plataforma continental. Este comportamiento presenta excepciones -sobre todo de tipo estacional y ligadas a sus ciclos biológicos y reproductivos- como se aprecia en algunas especies pertenecientes al género Pagellus (el besugo y la breca, entre otros). También el dentón, la dorada o el sargo breado, por citar algunos, pueden ser hallados lejos de la costa y a profundidades considerables, pero esto no quita para que, más temprano que tarde, acaben arribando a aguas litorales, las propias de esta familia.

En general, en sus estadios juveniles mantienen costumbres gregarias que, en algunas especies –sobre todo las de mayor talla- irán desapareciendo con la edad. En otros casos, sin embargo, forman densos cardúmenes aunque nunca tan cohesionados y numerosos como los de los peces pelágicos. Esta cuestión será tratada de forma individual en cada especie cuyo comportamiento abordemos, pues nos parece importante resaltarla por la forma en la que el pescador dispondrá su aparejo y sus técnicas de pesca cuando pretenda capturarlos.

Aunque son, en su mayoría, bentónicos o nectobentónicos (que se mueven cerca del fondo, vamos) -con la salvedad de la boga y la oblada que prefieren situarse entre dos aguas-, son buenos nadadores y presentan características anatómicas que les proporcionan gran fuerza y potencia, como demuestran al ser prendidos en el anzuelo.

Estas capacidades natatorias y la fortaleza a la que acabamos de aludir, les posibilitan moverse en aguas con grandes corrientes, o “manejarse” con soltura en medio del oleaje.

Los sargos comunes y las mojarras son los grandes especialistas en esta disciplina de las aguas blancas, que comparten con otros grandes nadadores como las lubinas y los mugílidos. Esta adaptación a las duras condiciones de la rompiente es esencial para capturar muchas de sus presas más comunes, como algunos crustáceos y moluscos que habitan este nicho ecológico y resisten los embates del oleaje, que les resta depredadores potenciales.

Su vida transcurre en aguas poco profundas, en ocasiones muy cerca de la costa, sometidos la influencia de las mareas, del meteoro terrestre, o de los accidentes y las particularidades de la orografía costera. Se impone, por tanto, ser un buen nadador, permanecer en un determinado lugar o abandonarlo tan pronto como las condiciones se vuelven adversas, dotarse de un carácter oportunista y sobrevivir en un medio siempre cambiante.

Estos hábitos condicionan en gran medida su estrategia vital, en la que se incluye la forma de alimentarse de cada especie, cuyo conocimiento es de gran importancia para el aficionado.