Pesca a flotador en la mar: la hermana pobre

Texto y fotos: Juan Laka lubinaman@yahoo.es

En la mar siempre se ha pescado con flotador. Sobre todo especies de talla discreta, han sido tradicionalmente perseguidas mediante esta técnica.

No obstante, la pesca en agua salada con boya ha evolucionado menos que su homóloga en agua dulce y, mientras los pescadores de lagos ríos y pantanos adoptaban las técnicas más refinadas provenientes de Europa y USA, los pescadores de mar continuaban empleando los mismos aparejos y montajes que habían utilizado durante las últimas décadas. Esto, por fortuna está cambiando y cada vez son más los pescadores de mar que se aventuran con montajes sofisticados y equipos ligeros y sensibles para pescar a flotador.

Incluso, algunos, no hablan ya de pesca a boya o a flotador, sino que se descuelgan con términos como “a la inglesa” hasta hace muy poco tiempo patrimonio exclusivo del agua dulce.

Lo cierto es que esta evolución de los sistemas de pesca tradicionales está incidiendo positivamente en el número de capturas, pero, sobre todo, en la satisfacción de los pescadores. Y tenemos que hablar de satisfacción porque este tipo de equipos y de montajes, proporcionan mayores sensaciones, sobre todocuando capturamos minitallas o peces de pequeñas dimensiones.

Otra ventaja de estos aparejos más sofisticados, es que, por primera vez, han posibilitado el lastre adecuado del cebo, así como una colocación más precisa del mismo. Esto, que puede parecer trivial, cobra a veces una importancia decisiva. Pensemos en que la mayoría de los peces costeros se alimentan a una profundidad determinada y, así mismo, tienen una boca característica, que les permite ingerir un tipo de bocado o de un volumen determinado.

Por tanto, se acabó eso de pescar en la mar con una boya gigante y mal lastrada sin apenas sensibilidad, con un terminal corto y sin lastre y con un voluminoso cebo que pende a media braza de la superficie. Este sistema, muy habitual en cualquier puerto de nuestra geografía, ha pasado de moda. Lo que antaño se consideraba pesca generalista y polivalente ha pasado a ser, sin más, sinónimo de falta de pericia.

 Sabemos que la mayoría de las especies que perseguimos son de escasa talla y que, básicamente, serían: lábridos, pequeños espáridos, e incluso, si hacemos rozar el cebo a ras de suelo, blénidos, salmonetes y góbidos.

Por tanto, nuestro aparejo debe fondear lo suficiente para quedar, como mucho, a una braza del fondo, a no ser que pesquemos entre las rocas o al lado de la pared de un muelle.

Es decir, puesto que perseguimos especies de roca, tendremos que ponerles el cebo lo bastante cerca del fondo para que se decidan a tomarlo.

Estos peces no viven en aguas libres y cuando, accidentalmente, se encuentran en medio de una gran masa de agua, se sienten desorientados y en peligro. No es, pues, la situación ideal para tentarlos con nuestros aparejos.

Por tanto, lo lógico será emplear el montaje que más se ajuste a las necesidades o a los hábitos del pez que pretendamos capturar, y que, al mismo tiempo, nos proporcione el máximo control sobre la picada. Adoptar las técnicas más desarrolladas en la pesca a boya, puede ser entonces imprescindible.

Por otra parte, a menudo observamos cómo los pescadores de mar en general y los de flotador en particular, practican su afición muy mal pertrechados del equipo necesario. Esta situación contrasta con sus homólogos de agua dulce, provistos a veces hasta la exageración de todo tipo de aperos de pesca. Pero, en este deporte, suele ser mejor pasarse que quedarse corto, pues nunca se sabe a qué situación nos vamos a tener que enfrentar.

Por lo pronto, habría que hacer una lista, digamos, de complementos, que todo pescador de mar a flotador debería llevar consigo en cada jornada de pesca:

- Sacadera adecuada

- Por lo menos otro tipo de cebo de repuesto o para alternar.

- Terminales o hilos de distintos diámetros.

- Varios tamaños de anzuelos, plomos y boyas.

Aunque este material que acabo de citar parece muy básico, si dan una vuelta por cualquier muelle, rompeolas, puerto o, en general, cualquier “punto caliente” de pesca a boya, se darán cuenta de que son una excepción aquellos pescadores que lo poseen.

Animar a la gente a que pesque bien, equivale a incrementar sus capturas y su diversión. Es apostar por un futuro con más pescadores deportivos.